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martes, 27 de octubre de 2015

Sin mariconadas eh..


-Hija de puta, calientapollas – gritó Juan entrando por la puerta

-¿Qué pasa, tío?

-Toda la noche metiéndole mano a Sonia y la muy jodía dice que tiene que irse, dejándome con el calentón.

-Jajajaja. Pues ya sabes, a lavar a mano

-Cabrón.

-Jajaja

Julio no dejaba de reírse mientras Juan se encerraba en el baño. Al poco tiempo, salía más relajado.

-Vaya desperdicio de paja, coño – dijo Juan, sentándose al lado de Julio.

Julio y Juan compartían un piso de estudiantes. Ambos estudiaban en la misma facultad, y ambos tenían los mismos problemas con las mujeres. Mojaban poco. Casi todas las noches volvían a casa de vacío.

Bueno, más que de vacío, llenos. Con los huevos llenos. Y como la inmensa mayoría de los jóvenes, se tenían que conformar con sus ‘cinco amiguitos’. Esos que siempre están dispuestos. Que nunca dicen que no. Nunca les duele la cabeza. Nunca están en ‘los días’. No tienes que decirles ‘te quiero’. No tienes que sacarlos a pasear, ni comprarles cosas. Además de conocen desde pequeñito. Saben la presión justa que tienen que hacer. Cuando apretar, cuando soltar. Ya lo cantó Roberto Carlos..”Sois mis amigos del alma realmente mis amigos”. Aunque la versión que conocemos la cambió por “Tú eres mi amigo del alma realmente un amigo”. ¡La censura!

Como todo joven que se precie, tenían su buena colección de revistas y pelis guarras. Al vivir solos, no tenían que estar escondiéndolas de sus madres, cosa por otra parte inútil porque ellas saben que las tienes. Como saben lo que haces cuando te encierras en el baño un buen rato y sales acalorado. Pero son buenas y se callan.

Y como buenos compañeros, se las intercambiaban.

Una noche que no tenían plan, estaban los dos viendo la tele, aburridos. ¿Y qué hace un joven aburrido que no tiene nada mejor que hacer? Pues ver porno.

-Juan, joder. Sábado por la noche y los dos aquí sin pillar cacho.

-Y encima en la tele no ponen nada, tío. Vaya mierda.
-¿Nos ponemos una peli?

-¿Rambo?

-Coño, no. Una porno, joder.

-Claro, para ponerme cachondo y tener que cascármela luego.

-¿No te la vas a cascar de todas maneras?
-Pues…sí

-Pues entonces al menos te calientas bien.

-Vale. Pero pon una bien guarra.

Julio rebuscó en su amplio repertorio fílmico.

-Ummm…gorditas..no….lésbicas…no…zoofilia…no estoy para animalitos…ummm ¡Ésta!

Puso una de japonesas. Le gustaban las japonesitas. Tan chiquitas, tan lindas. Y tan guarrindongas.

Se pusieron a ver la película. Cuando la primera japonesita ya estaba cubierta de semen, los dos tenían las pollas a tope, formando sus buenos bultos en los pantalones.

-Joder, Julio. Esta no la había visto.

-¿Es buena, eh?

-Uf, tengo la polla a reventar. Si no estuvieras delante me cascaba un pajote ahora mismo. Pero mira….si casi no se le ve la cara a la chica.

-Pues por mí no te cortes, tío. Dale al manubrio.

-Coño, me da cosa.

-Jajaja. No me digas que te da vergüenza que te vea la polla.

-¡Pues sí, qué quieres!

-Yo también estoy palote. Y no voy a esperar a que te vayas a la cama.

Julio, para asombre de su compañero, se bajó la bragueta, se sacó la polla y se empezó a hacer una buena paja mirando como la segunda japonesa era rodeada por docenas de pollas. Juan lo miró, incrédulo.

-Vaya, no te cortas ni un pelo – dijo Juan.

-Cuando estoy caliente me da lo mismo 8 que 80.

Juan miró la película. La chinita ( para él todas las asiáticas era chinas) abría la boca mientras chinito tras chinito se la iba llenando de leche. No aguantó más y sin mirar a Julio, se bajó la bragueta y se empezó a pajear también.

Julio lo miró de reojo.

-Al final te decidiste, éh?

-Uf, estoy a punto de reventar.

-Y yo. ¡ Coño, el papel!

Ninguno de los dos había previsto las consecuencias de las improvisadas pajas. Pero estaban tan calientes que ni tiempo de buscar algo tuvieron. Se corrieron encima, cada uno en su propio pecho, dejando los camisas bastante pringosas.

-Vaya corrida, tío.

-Pues la tuya no se queda atrás.

Los rieron con ganas. Se fueron a limpiar y a cambiar de ropa. Eran buenos camaradas.

No tardó mucho en presentarse otra ocasión parecida. Esta vez Juan ya no tuvo problemas en sacarse la polla y pajearse delante de su amigo. Y esta vez iban preparados con un buen manojo de papel para recoger el fruto de su compartido onanismo.
Las pajas juntos viendo películas se convirtieron al algo habitual. Superados los primeros temores y vergüenzas, empezaron los retos.

¿Quién no ha competido de pequeño con sus amigos para ver quien meaba más lejos? Pues una noche, mientras veían como dos preciosas rubias le comían la polla a un negrazo impresionante, Julio, el más lanzado, dijo.

-A ver quien se corre antes.

Juan era muy competitivo, así que aceptó el reto. Miraban la peli, y de reojo la mano del otro subir y bajar por su polla. Los dos querían ganar, así que las pajas eran furiosas. Llegó un momento en que se olvidaron de la película y cada uno miraba fijamente como el otro se masturbaba como un loco.

Ganó Juan, que lanzando un gemido de placer llenó su pecho de varios chorros de espeso y blanco semen. Segundos después, Julio hacía lo propio en el suyo.

-Jajaja. He ganado, he ganado – dijo Juan, contento y canturreando.

-Grrrr, sip.

-Coño!! ¿Y qué nos habíamos apostado?

-Jajajaja. Nada. No quedamos en nada.
-Capullo.

-Jajaja.

La siguiente sesión pajeatoria ( no lo busquen en el diccionario. No está) fue el punto de inflexión en la relación de los dos amigos. La película elegida no era para tirar cohetes. Más bien flojilla. Julio le soltó.

-Oye Juan..¿Por qué no nos hacemos una paja?

Juan lo miró, con el ceño fruncido.

-Coño, pero si llevamos 10 minutos meneándonoslas.

-No, me refiero a…yo a ti y tú a mí..Pero sin mariconadas.

Juan se partió de risa.

-Jajaja! Sin mariconadas. Como en Torrente! jajaja ( Torrente, para los que no lo sepan, es una película española en la que Torrente le dice a un chico “¿Nos hacemos unas pajillas?, pero sin mariconadas”)

-Va en serio, tío.

Juan se puso serio también.

-No me digas ahora que me has salido mariquita.

-Que no, joder. Pero estoy harto de cascármela yo, de no pillar un bueno chochito facilón, de no tener un puto céntimo para irme de putas. Somos amigos, ¿No? ¿Qué hay de malo? No somos homosexuales. Ni tú ni yo. Nadie se va a enterar..

-No sé, tío. Creo que se me aflojaría la polla si me la tocas.

-¿Probamos? Si no…nos gusta, lo dejamos y aquí no ha pasado nada.

Juan, aunque la peli no fuera muy buena, estaba bastante cachondo. Lo que su amigo le pedía le parecía raro, la verdad, pero con el rabo tieso hay menos sangre en la cabeza ( la de encima de los hombros) y se piensa con menos agudeza. Julio notó que su amigo dudaba.

-Si quieres empiezo yo.

-No sé..

Julio no esperó a que Juan se decidiera. Se sentó a su lado y alargó la mano hasta ponerla sobre la mano de Juan. Juan quitó la suya, y Julio cogió su polla.

-Pues no se te afloja. Está dura.

Era la primera polla sin ser la suya que tocaba Julio. Empezó a mover la mano, suavemente, arriba, abajo. Miró a Juan.

-¿Sigo?

-Uf…sí..sigue.

Aumentó el ritmo. Juan miraba como su amigo le hacía una estupenda paja. Lo hacía mejor que las pocas chicas que le había hecho una. Sólo un hombre sabe como hacer una paja como dios manda.

-Agggg cabrón..que gusto..sigue..sigue…Me vas a vaciar los huevos..

Julio notó en Juan las mismas señales que él emitía cuando se iba a correr. Gemidos más fuertes, el cuerpo tensándose, a polla endureciéndose más, y luego, el primer chorro que salía disparado de la polla de Juan para estrellarse contra su barriga. Julio acompañó cada espasmo de la polla con apretándola, lo que hacía que los chorros saliesen con más fuerza. Juan gemía de placer, con los ojos cerrados.

Cuando los abrió y miró, vio su pecho y barriga cubiertos por su semen. La mano de Julio, aún agarrando su polla, también estaba cubierta. Julio sonreía.

-¿Te ha gustado?

-Wow. Vaya pajote. Que gustazo, tío.

-Te toca.

Juan miró la polla de Julio, que daba saltitos solas, llena de excitación. Ahora no sería justo echarse para atrás, así que como hiciera antes Julio, alargó la mano, agarró la polla de su amigo y empezó a devolverle la paja.

Julio gemía también de placer. No aguantó mucho y se corrió entre gruñidos de placer. Los dos amigos se miraron. Ambos con las manos llenas del semen del otro. Ambos con las barrigas cubiertas de su leche.

-Pero sin mariconadas, eh? -dijo Juan

Los dos rieron con ganas, haciendo que la tensión del momento desapareciera.

Esa noche, Juan, acostado en su cama, pensaba en lo que Julio y él habían hecho. No se sentía gay. Le seguían gustando las mujeres. Pero tuvo que reconocer que le había gustado mucho la paja que le hizo Julio. Y que hacerle una a él no fue tan..malo.

Al día siguiente, sin embargo, los dos ya con toda la sangre en la cabeza ( la de encima de los hombros), sentían un poco de vergüenza, así que hicieron como si no hubiese pasado nada. Dejaron incluso un par de días de ver pelis juntos, y volvieron a las pajas solitarias.

Juan incluso ligó con una chica y se lo restregó a Julio por la cara.

-Jaja, capullito. Esta noche la meto en caliente, seguro. Me han dicho que esa tal Dolores en un volcán en la cama.

-No será para tanto. No será para tanto.

-Espero que me deje sequito. Jajaja

-Suerte, compadre.

Suerte. Sí, sí. Resultó que la tal Dolores, a pesar de tener una merecida fama de calentorra, tenía dolores. Dolores menstruales, que la tenían de mala leche.

Juan intentó meterle mano varias veces, pero ella le decía que no. Que es noche no tenía el horno para bollos. Él insistió, hasta que ella, de mala leche, le dijo que la dejara en paz.

-Joder tía, ¿Qué te pasa?

-Pues que me duelen los ovarios, coño.

-Mierda. Pues tómate un saldeva.

-Vete a la mierda, tío.

Juan estaba desesperado, con la polla a tope. Dolores estaba buena, y tenía un precioso par de tetas y un culito redondito y respingón.

-¿Me la chupas?

-No.

-Joder. Pues una pajilla, al menos.

-Vete a la mierda tío. Que te la menee tu madre.

Lo dejó compuesto y sin paja. Se volvió a su casa con el rabo entre las piernas. Con el rabo tieso, se entiende.
Por el portazo que dio y el ‘joder’, Julio comprendió que no había sido una buena noche.

-¿Qué?¿Calabazas?

-Jodía Dolores. ¿Pues no va la tía y me dice que le duelen los ovarios? ¿Qué más le daba hacerme una mamadita o un simple pajote? Las manos no le dolían, coño.

Julio miraba divertido a su amigo. Vio que tenía un gran bulto en los pantalones. Se apiadó de él.

-Si quieres, te hago yo una paja… sin mariconadas.

Juan estuvo a punto de mandarlo a la mierda, pero estaba cachondo, necesitaba descargar las frustración que tenía. La frustración y los huevos, todo hay que decirlo. Qué más daba si la paja se la hacía Dolores o Julio. Además, en esos momentos le caía mejor Julio que la zorra de Dolores. Así que se acercó a su amigo, que estaba sentado y se quedó de pie, a su lado.

No hicieron falta más palabras. Julio alargó una mano, le bajó la bragueta, y con dificultad consiguió sacarle la dura polla. La agarró y empezó una suave y lenta paja. Los dos amigos se miraron, y sonrieron.

-Gracias tío…ummmmm que bien lo haces, cabrón.
-¿Sí?

-Seguro que la meneas mejor que Dolores.

Julio se dio cuenta de que su propia polla estaba dura. Y no era por ninguna película. Era por hacerle una paja a Juan, por tocar su polla. Le gustaba aquella polla, sentirla en su mano. Caliente, dura.

-Aggggg que bien.. sigue….sigue…

Miró a Juan, que había levantado la cabeza y cerrado los ojos, disfrutando del estupendo pajote que le hacía. Volvió a mirar la polla. Vio que de la punta empezaba a salir líquido pre seminal. Con el pulgar lo quitó, pero salía más. Juan debía de estar muy cachondo. Y él también. Sus ojos seguían clavados en la polla que se deslizaba entre sus manos. ¿A qué sabría ese líquido?

Acercó su cara, sacó la lengua y lamió el capullo de la polla de Juan. Éste, al sentirlo abrió los ojos y miró a su amigo, que con la boca a escasos centímetros de su polla lo miraba. Durante unos segundos se quedaron mirándose. Y entonces, Juan acercó una mano a la cabeza de Julio y lo atrajo hacia su polla.

-Cómeme la polla.

No tuvo que hacer fuerza. Julio abrió la boca y se la metió dentro, empezando su primera mamada. Como hombre, sabía perfectamente como le gusta a un hombre que le chupen la polla, así que se arrodilló en el suelo delante de Juan y se agachó para que su cabeza quedara más abajo que la polla. Tenía que levantar la cabeza, y eso permitía a Juan tener una visión perfecta de su polla en su boca.

A Julio le gustó mucho ver la cara de placer de su amigo, que lo miraba desde arriba. Empezó a mover la cabeza, arriba y abajo. Se sacaba la polla y se la pasaba por la cara, sin dejar de mirar a Juan.

-Aggggggggg que bien..lo haces….

Juan llevó una de sus manos a la cabeza de Julio y llevó el ritmo de la mamada. Su gran amigo, un hombre, le estaba haciendo la que sin duda era la mejor mamada de su vida.. Como hacía cuando alguna mujer se dignaba chuparle la polla, le avisó que se iba a correr. Esperaba que como habían hecho todas, Julio se sacara la polla de la boca y lo hiciera correr con la mano.

Pero Julio no se la sacó de la boca. Siguió mamando con más ganas hasta que Juan no pudo más y se empezó a correr.

¡Y qué corrida! – Gimiendo como un loco de puro placer, empezó a llenarle la boca de caliente semen a Julio, que intentó tragárselo todo, pero debido a la inexperiencia y a la gran cantidad de leche, gran parte se le salió de la boca y bajó por su barbilla y su cuello. Juan, en la cumbre máxima del placer, miraba como su amigo del alma, con los ojos cerrados, se tragaba lo que podía de su inmensa corrida. Oía el sonido de la garganta al tragar.

Cuando el orgasmo terminó, se quedaron mirándose. La polla aún en la boca. Juan respirando agitadamente.
Julio se sacó la polla, aún bastante dura, de la boca.

-Vaya mamada. Me has dejado sequito.

-A mi…también.

-Coño. ¿Eres gay?

-No…. No lo sé. Juan…

-Dime

-Estoy..cachondo.

-No te la voy a chupar.

-Hazme un paja

Era justo. Se sentó a su lado.

-Sácatela.

Julio se bajó la bragueta y se sacó la polla. Juan enseguida se la empezó a menear. En menos de 10 segundos la polla empezó a escupir su blanco contenido, esparciéndolo sobre su pecho y barriga, así como sobre la mano de Juan.

-Joder, si que estabas cachondo, Julio.

-A tope tío.

-¿Te puso cachondo chuparme la polla?

Julio cogió la polla de Juan, aún dura, y la empezó a menear con suavidad. Cada uno tenía la polla del otro en la mano.

-Pues…la verdad es que sí.

-Hazme otra mamada. Sigo cachondo.

-Quítate los pantalones

En un santiamén Juan se quitó los pantalones y los gayumbos y se sentó cómodamente en el sofá. Julio se arrodilló entre sus piernas, mirando la polla que sin saber por qué tanto le atraía
.
-Cierra los ojos- le dijo- imagina que soy una mujer.

-Y una mierda. Me gusta ver como me la chupan.

Julio sonrió y se acercó. Sacó la lengua y la pasó a lo largo de la tiesa polla de Juan, desde la punta hasta los huevos, que lamió y chupó uno a uno. Luego, volvió a subir lamiendo hasta llegar al capullo. Lo chupó y después se metió la polla en la boca, empezando a mamar.

Juan miraba como su amigo le chupaba la polla. Lo hacía muy bien, el muy cabrito, dándole mucho gusto. Y en los ojos de Julio, fijos en los suyos, veía que él también disfrutaba de la mamada.

-A ver si puedes tragarte toda la polla, mamona.

Julio aceptó el reto y lentamente se fue metiendo más y más la polla. Llegó un momento en que tuvo arcadas, y con lágrimas en los ojos, se la sacó de la boca. Un hilillo de saliva colgaba desde su boca hasta la polla.

-Que no se diga. Inténtalo otra vez – ordenó Juan

Ahora aguantó la arcada y siguió metiéndosela. Sus labios llegaron al pubis. Tenía toda la polla en la boca, alojada en la garganta. Se sintió…orgulloso.

-Ummmm joder Julio…lo has conseguido. Eres una mamona de primera.

La mamada fue larga, lenta, llena de miradas, profunda. Juan gozó cada segundo. Y Julio también, pues se hacía una paja mientras le comía la polla a su amigo.

Esta vez ni una sólo gota se semen fue desperdiciada. Toda la leche bajó por la garganta de Julio hasta su estómago. El suelo también recibió su ración del semen de Julio, que lentamente se sacó la polla de la boca.

-Vaya mamada, tío. Mejor que cualquier mujer.

-Mierda, Juan. Me he corrido chupándote la polla. Me da que soy un poquito…mariquita.

-Jajajaja. ¿Y qué?

-Pues..que a mí lo que me gustan son las tetorras, los coños, los chichis, los potorros, los conejos, las conchas..
-Y mi polla

-Joder, y tu polla.

-Jajajaja.

Se fueron a dormir relajaditos los dos. Julio un poco más preocupado por su descubrimiento. Pero que coño. Si le gustaba, pues le gustaba y ya está. No era de los que se comían mucho el coco.

Por la mañana, Juan se levantó con la polla tiesa. No era una novedad. Siempre se levantaba con la polla tiesa. Alguna paja solía caer, si tenía tiempo. Tenía tiempo, pero en vez de una paja le apetecía más una de las estupendas mamadas de Julio, así que sin gayumbos y con la tiesa polla meneándose hacia todos los lados, se fue para el cuarto del nuevo mamador.

Estaba dormido. Sin hacer ruido se acercó y se arrodilló al lado de su cara. Le empezó a pasar la polla hasta despertarlo.

-Buenos día, tío. ¿Me comes la polla? Estoy cachondo perdío.

Julio, aún medio dormido, abrió la boca y Juan le metió la polla. Más que una mamada fue una follada de boca. Julio también se solía despertar con la polla tiesa. Juan vio la tienda de campaña bajo la sábana. No era justo que su mamador amigo no recibiera nada a cambio, así que se puso de manera que llegó con la mano derecha a la polla de Julio.

Mientras le follaba la boca, le hacía una buen pajote. Los dos muchachos gemían de placer, Juan por la mamada y Julio por la paja ( y por la mamada). Le gustaba tener la polla en la boca, oír a Juan gemir de placer.

-Agggg mamona…me vas a vaciar los huevos…

Eso hizo que Julio mamara con más ritmo, con más fuerza, y que se corriera, llenándole la mano a Juan de semen. Juan le soltó la polla y se miró la mano. La caliente leche de Julio le goteaba. Entonces, sin saber por qué, llevó la mano a la cara de Julio y le esparció su propia leche por la cara. Julio lo miró, sin dejar de mamar.

-Me corro tío, me corroooooooo

Las chicas que se la habían mamado nunca permitieron que se corriera en sus bocas, y menos aún en sus caras. Pero Julio no era una chica. Se había tragado con gusto su corrida dos veces. Después del primer chorro, le sacó la polla de la boca y se terminó de correr sobre su cara. Julio dejó la boca abierta.

La corrida mañanera fue bien abundante y sabrosa. Lo que le cayó en la boca, Julio se lo tragó con gusto. El resto también, pues Juan lo fue acercando a su boca con la polla, que Julio iba chupando.

Juan no sería gay, pero dejó de salir con mujeres. Con ellas no tenía más que calentones y muy de vez en cuando, algún polvete. Con Julio todo era más sencillo. Se la chupaba siempre que lo deseaba, y sólo tenía que meneársela a cambio.

Julio estaba encantado. Le gustaba cada vez más chupársela a Juan. Se hizo un experto en tragarse su polla.

Una tarde, en que arrodillado en el suelo con Juan de pie le comía la polla, le dijo.

-Juan, me da a mí que al final voy a ser mariquita, tío.

-No serás mariquita hasta que no te den por el culo. Tranquilo y sigue mamando.

-¿Quieres follarme?

-Joder. Pues sí, eres gay. No hay duda.

-¿Me follas?

-Te voy a romper el culito.

Julio se levantó y fue al baño a por crema. A mitad de camino, se paró en seco.

-Coño, somos dos tíos que viven solos. No tenemos cremas. JUAN! joder, no tenemos cremas.

-Espera.

Juan salió corriendo a su cuarto y volvió con un tubo de crema lubricante casi vacío.

-¿Y eso?

-Jeje, me gusta hacerme un buen pajote con las manos pringositas, aunque hace tiempo que no me hago pajas. Todavía queda un poco.

Julio se puso sentado en el sofá, con el culo en el borde. Juan se arrodilló en el suelo. Le dio el tubo de crema. Vio como su amigo se ponía una buena cantidad en los dedos y se untaba el culo. Los dos pollas estaban duras y listas.

-¿Estás seguro, Julito?

-Pues..no. Así que date prisa no vaya a ser que me arrepienta.

-De eso nada.

Acercó la polla al lubricado esfínter y empezó a empujar. Le costó meter la punta, pero con un golpe, la coló.
-Aggggggg coño, duele.

-No seas quejica.

-Jajajaja. ¿Eso les dices a las mujeres?

-Jajajaja. Pues no. Ninguna me ha dejado acercarme a su puerta trasera.

-Ve despacito.

Y fue despacito. La polla poco a poco se fue metiendo en el cálido y muy apretado culito de Julio.

-Ummmm tío..que gusto….que apretado estás.

-Siento que me vas a partir en dos. Métela toda.

Y toda la metió, hasta los huevos. La polla de Julio se movía sola.

-Uf, ya está. Tu primera enculada.

-Fóllame despacito. Me duele, pero también me gusta.

-Joder, y a mí.

Le sacó la polla hasta la mitad y se la volvió a meter. Poco a poco Julio se fue relajando y la velocidad de la enculada aumentó. Juan sentía mucho placer. Gemía. Julio también.

-Agggggggg que rico tío…dame por el culo…Tienes que probar.

-El mariquita eres tú.

-Fóllame más

Se lo empezó a follar más fuerte, metiéndole la polla hasta el fondo, con fuerza. Ya no había dolor, sólo placer. Placer que aumentó cuando Juan le cogió la polla y lo pajeó mientras lo enculaba. Los dos amigos, casi amantes, se miraban mientras follaban.

El doble placer que recibía Julio fue demasiado se corrió entre espasmos y gemidos, rociando su pecho con una impresionante cantidad de semen. Juan, sin dejar de encularlo, se lo esparció como si fuera crema solar.

-Te voy a llenar el culo de leche. Aggggggg que rico….te voy a follar todos los días, mariquita de mierdaaaaaaaaaaaaaa.

Julio sintió como el hirviente semen de Juan le golpeaba por dentro. Le encantó aquella sensación, aquel calor que lo quemaba por dentro.

Juan se quedó un rato mirándolo. No había sentido tanto placer follándose a una mujer. Le sacó la polla y se sentó al lado de Julio. Los dos con las respiraciones agitadas. Se miraron, y sonrieron.

Entonces, lentamente, Julio se acercó a él, acercó sus labios a los suyos, y lo besó. Un tierno beso que se transformó en un buen morreo. Juan cerró los ojos y abrió la boca. Las lenguas de los dos se entrelazaron la una con la otra. Se abrazaron, se acariciaron. Sintieron sus duras pollas frotarse la una contra la otra.

-Juan…si soy gay no me importa. Me ha encantado que me follases.

-Julito, amigo mío, a mí también me ha gustado mucho. Vete acostumbrándote.

-jajajaja. Voy a darme una duchita. Estoy todo pringoso.

Mientras Julio de duchaba, Juan pensaba en todo lo que estaba pasando. En lo que sentía. En lo que gozaba. En las malditas etiquetas. Hétero, gay. Mierdas.

Se levantó y fue al baño. Julio seguía en la ducha. Se desnudó y se metió en la bañara con él. Se volvieron a besar. Las pollas se volvieron a rozar la una contra la otra. Y Juan, lentamente se arrodilló delante de Julio. Se pasó su polla por la cara y se la metió en la boca.

-Ummm Juan….gracias…lo deseaba tanto…

-Y yo. Pero no quería reconocerlo.

Fue su primera mamada. La primera vez que una polla se corrió en su boca. La primera vez que se tragó el semen de Julio. Pero no fue la única. Vinieron muchas más. A los pocos días Julio le llenó el culito, primero de polla y después de leche.

domingo, 14 de junio de 2015

Escalando con Dani..


¡Qué ganas de salir del curro! Y hoy directo a la sierra.¡Qué ganas de escalar! Después de este largo invierno, ¡ya era hora! El rocódromo me gusta, ver a la gente y eso, pero nada en comparación con escalar en la roca. Una ducha y cojo la mochila y el crash pad y ¡listo! A ver si Dani no tarda mucho y no se nos hace de noche, que las rutas con frontal molan pero... ¡con tanto peso es una putada!

Gayumbos, calcetines, un par de camisetas, los gatos, y el saco, ¡qué no se me olvide el saco!, que aunque por el día hace sol, las noches de abril todavía son frías, ¡ah! Y el frontal, que sino seguro que me escoño por ahí. Y para comer que llevo, voy a ver que tiene mamá en la despensa... Unas latas de atún, un paquete de chorizo, queso, pan de molde, unos plátanos ¡ah! frutos secos, para que no nos de el bajón. ¡umm! Una botellita de vino, venga para la mochila que para cenar seguro que nos viene bien.

Ya está, me voy para el roco y le espero allí que ya son casi las seis. Todavía no me ha dado un toque pero me dijo que sobre las cinco saldría del curro, así que tiene que estar al llamar. Espero que no tarde mucho.

  • Lucas, ¿qué pasa tío? Has esperado mucho.
  • No te preocupes, si he estado charlando con estos.
  • Pues venga sube a la furgo que son ya las seis y media que al final me han liado en el curro y se nos va a hacer de noche.

Tardamos en llegar una hora y media, el viaje es tranquilo, debido a nuestros trabajos, el suyo en una empresa de telecomunicaciones y el mio en un hospital, ambos tenemos turnos que nos dejan días libres entre semana y nos permiten ir al campo cuando menos gente hay. Pillamos un poco de tráfico a la salida de la ciudad pero pronto la carretera se queda casi vacía. Dani ha puesto la radio y ambos disfrutamos de la música, incluso canturreamos alguna de las canciones. No hablamos mucho, los dos somos bastante callados, los montañeros tenemos fama de taciturnos y soñadores, no lo sé, simplemente si no tienes nada que decir, mejor cerrar la boca.

  • Ya estamos aquí.
  • ¡Aire puro! Que ganas de salir de la puta ciudad.
  • Venga que te ayudo. Ponte la mochila por delante y el crash pad por detrás.
  • Gracias. ¿Y la garrafa de agua?
  • No te preocupes, ya la llevo yo.

Hemos dejado la furgoneta aparcada a la entrada del parque natural, tenemos por lo menos nueve kilómetros por delante primero de subida, luego de bajada y por último vuelta a subir hasta llegar a los bloques. Espero que la roca esté bien, esta semana a llovido un poco pero con el sol de los últimos días espero se haya secado.
  • ¡Estoy hasta los cojones del crash pad!
  • ¡Cómo pesa el cabrón!
  • Pero a ver que hacemos sin ellos.
  • Si, los necesitamos para no rompernos la crisma cuando nos falla un agarre.
  • Sino es por ellos ya nos habríamos roto más de un hueso.
  • Tienes razón, la verdad es que estas colchonetas te salvan de buenas hostias.
  • De todas formas ya estamos llegando. Por ahí sale la ruta hacia los bloques.
  • ¿Paramos un poco y cogemos aire?
  • Venga y aprovechamos y sacamos los frontales que ahora nos metemos entre los árboles y cada vez se ve menos.

Llegamos a la zona de bloques, Dani sabe donde hay un refugio natural en esta zona, yo he venido un par de veces pero siempre a pasar el día. Él lleva escalando más tiempo que yo y se conoce la zona como la palma de su mano. Es la primera vez que me quedo a dormir aquí arriba. Me sorprende al verlo. Yo me imaginaba una cabañita, pero no, es simplemente un saliente en la roca de dos por dos y poco más de un metro de alto. ¡Todo un lujo! Bueno, es lo que hay, después del madrugón para ir a currar y la caminata cualquier sitio me vale para dejarme caer.
  • Suelta las cosas por aquí. Vamos a poner los crash pad junto a la roca y a sacar algo de cenar.
  • Perfecto, ¡qué tengo un hambre que me muero!
  • ¡Ah! ¡Qué gusto soltar el peso!
  • Si, ahora parece que floto. Cuando te lo cargas no parece tanto, pero después de unos kilómetros...

Cenamos y nos colocamos bajo la roca. Los crash pad no son muy largos, pero la verdad es que es una gozada poderse tumbar en algo blandito. Ha refrescado así que agradezco meterme en el saco. Dani también se mete, pero parece que a él el frío no le afecta. ¡se ha quitado la ropa! Yo no soy tan valiente, paso de quedarme en gayumbos, ¡qué hace un frio que pela! Me cuesta dormir, el silencio de la noche está lleno de ruidos, se oyen animales por todos lados. ¡Menos mal que Dani me ha dejado el lado pegado a la pared!

¡MIERDA! ¡QUÉ PASA! ¡Estoy helado! ¡qué frio!, ¿dónde está el frontal?, ¡estoy empapado! Me muevo, el saco, mi ropa, ¡todo está empapado! Enciendo el frontal, con la luz Dani se despierta.
  • ¿Qué pasa tío?
  • No lo sé. ¡Estoy empapado!
  • Ha debido llover. Mira, alumbra hacia arriba. -Salgo del saco como puedo, intentando no pegarme en la cabeza con la roca, tengo toda la ropa mojada-.
  • La roca chorrea por esa grieta. ¡Joder! Y ahora, ¿qué hago?
  • No te preocupes, anda quítate la ropa mojada y métete en el saco conmigo.
  • No se, tío, espera que busque algo de ropa seca.
  • No te preocupes, que así es mejor, entrarás antes en calor, ¡qué estas tiritando! -No muy convencido me quito la ropa y me meto en el saco, es verdad se está muy calentito-
  • Venga, vale.
  • Un poco justos pero cabemos, ponte de lado, ¡estas helado!

Estamos muy pegados, noto su pecho en mi espalda, pero la verdad es que es agradable sentir su calor, ¡si que estaba helado! Me relajo y el sueño me envuelve, pero antes de perder por completo la conciencia noto como su paquete crece contra mi. No se si es el sueño o lo agustito que estoy pero no le doy importancia y me dejo llevar por Morfeo.
  • Vamos arriba que ha salido el sol.
  • ¡Mmmm! ¿Qué hora es?
  • No tengo reloj, pero ya hace bastante que amaneció.
  • ¿Podremos escalar?
  • Si, lo de ayer debió de ser un chaparrón, la roca está seca.

Desayunamos algo de fruta y en un momento nos ponemos a escalar. Los gatos nuevos son una gozada, hacen que mis pies se adhieran a la roca mucho mejor que los viejos, los que uso en el roco.
Dani me enseña cada paso y consigo llegar a lo más alto en varias ocasiones, pero estoy muerto, tengo las manos despellejadas y resecas del magnesio. ¡Ya no puedo más! Me siento y le observo, no es mucho más grande que yo, está muy delgado, no tiene ni un gramo de grasa pero todos sus músculos se marcan a través de su piel morena. Nos parecemos mucho, incluso en ocasiones han pensado que eramos hermanos. Pero el está más definido, se nota que lleva media vida escalando y su piel es más oscura que la mía, los días en el campo le han curtido, yo soy más blanquito, tengo que tener cuidado y echarme crema.

Estoy mirando sus piernas, menudos muslos tiene, son dignos de ver, me quedo embobado, hasta que con un grito se deja caer.
  • ¡Ahh! Mierda, hasta que no me salga este no paro.
  • Venga tío, inténtalo otra vez y luego comemos.
  • Vale, pero de aquí no me voy hasta que no suba.

Después de comer escalamos un rato más y antes de que se vaya el sol bajamos hasta el rio para darnos un chapuzón y quitarnos el sudor y el magnesio que a estas alturas nos impregna medio cuerpo. Nos secamos con los últimos rayos del sol y cuando se esconde tras las montañas nos abrigamos y subimos al refugio a cenar. Escalar todo el día me ha dejado roto, pero la verdad es que ha sido genial, me encanta el Boulder, es una modalidad de escalada que te permite entrenar todo el año, se puede hacer en rocodromo pero lo mejor es salir al campo, la naturaleza, la roca...
  • Mira lo que he traído para acompañar la cena. -Saco la botella de tinto de mi mochila-
  • Menudo cabrón que estás hecho.
  • Toma la suiza y ábrela.
  • Puff, tío, que fuerte está.
  • Es peleón el cabrón.

Después de cenar jugamos un rato a las cartas, y acabamos la botella de vino entre los dos. Nos echamos unas risas, ¡me lo estoy pasando genial!, no se si es el vinillo, pero todo lo que dice Dani me hace gracia.
  • Lucas has mirado como está tu saco.
  • Mierda, se me olvidó, con las ganas de escalar esta mañana lo he dejado hecho una bola junto a la pared.
  • ¡Puff! Pues seguro que no se te ha secado.
  • Mierda, tienes razón. ¿Y ahora que hacemos tío?
  • Yo, que sé. Tendremos que dormir otra vez en el mismo saco.
  • Tú lo que quieres es volver a dormir conmigo.
  • ¡Pero qué dices tío! -No lo había pensado, pero menos mal que no hay mucha luz porque seguro que estoy rojo como un tomate.

Nos quitamos la ropa dejando solo los gayumbos, y nos metemos en el saco. De nuevo estamos pegados, piel con piel. Pero esta vez espalda con espalda. Cierro los ojos y me vienen imágenes del día, la roca, Dani escalando, sus músculos... Se da la vuelta y me abraza, no se por que, pero me gusta. Nunca había pensado que esta situación podría agradarme, las pocas veces que he ligado ha sido con tías. No es que ligar sea una de mis prioridades, entre el curro y el roco no tengo mucho tiempo...

¡Qué hace! Se pega más a mí y noto como su polla se clava en mi culo a través de la tela. Sus ásperas manos acarician mi costado, bajan hasta mis gayumbos y tiran. ¡¿Qué hace?! Estoy flipando, quiero decir algo pero no me salen las palabras. Su mano se adelanta y me coge la polla, joder, pero si estoy todo empalmado, la aprieta, y comienza a hacerme una paja. Dios, no puedo pensar, pero esto... esto es espectacular, como siga así me voy a correr.

No se si será el vino, saber que estamos aquí los dos solos o ¿qué? Pero me dejo llevar. Con la otra mano sigue abrazándome lleva sus dedos a mi boca, yo los chupo en un acto reflejo, ¿por qué? Los saca y me quedo desconcertado hasta que noto que acaricia mis nalgas, pero se va acercando más al centro... ¡No! ¡Eso si qué no!... Pero siguen sin salirme las palabras... estoy muy cachondo y en el fondo estoy disfrutando. Sus manos son fuertes y sus dedos anchos a causa de la escalada. Uno de ellos intenta entrar en mi agujero... Duele un poco, pero la paja que me está haciendo se lleva toda mi atención. Está dentro, lo mueve muy despacio... ¡Mmm! Es raro, pero me gusta... Mete otro y lo hace girar en mi interior. Los saca, me siento vacío, pero eso dura poco. ¡No! Esta intentando meter su polla. No va a entrar. Es imposible. ¡Duele!
  • Para... -Es lo único que soy capaz de decir-.

No dice nada, pero se queda quieto, no se cuanto a logrado meter, pero yo me siento lleno, creo que me va a partir en dos. Con un brazo me rodea el cuerpo, con la otra mano sigue pajeandome, estoy atrapado contra el saco, la cabeza de mi polla esta rozando contra la tela. Comienza a presionar de nuevo muy despacio, hasta que noto como sus huevos se pegan a mi. Creo que no voy a aguantar, seguro que estoy sangrando, el dolor es casi insoportable. Pero se para, se que va a continuar, me lo ha demostrado escalando, cuando se fija un objetivo no se rinde. Así que intento relajarme y déjame hacer. Pese al dolor estoy disfrutando, no ha dejado de pajearme en todo este rato.
  • ¡Ahh! -Sale de su boca justo cuando consigue clavármela entera-.

Yo no digo nada, el dolor me paraliza, comienza a moverse muy despacio, hacia afuera, hasta que casi la saca por completo y de nuevo la mete hasta el fondo, varias veces, lentamente, es raro, muy raro, me duele un poco menos, pero a la vez siento algo que me hace estremecer, acelera... Al igual que el ritmo de su respiración, que noto justo en mi nuca, eso me pone aun más caliente... ¡joder me va a partir en dos! Pero... ¡umm! La punta de su polla esta tocando... ¡ahhh! No se donde estará tocando. Su mano libre acaricia mi pecho. Lo presiona con fuerza, pero con sus ágiles dedos encuentra uno de mis pezones, lo pellizca y tira de él, lo siento tan duro como mi polla.



Esto está siendo brutal, excitante, animal, pero en la vida había disfrutado tanto... Más rápido, sus caderas chocan contra mi culo y yo contra la tela del saco. Aún más rápido, me pajea siguiendo el mismo ritmo, aprieta mi polla entre sus dedos y noto como me inunda por dentro, caliente, húmedo, el dolor ya no es tan fuerte y sus últimas estocadas me llevan a un estado... ¡ME CORRO! Descargo toda mi lefa por el saco.

Sale de mi lentamente y me abraza, yo no se que pensar. En el fondo me ha gustado, me ha gustado mucho, nunca antes había sentido nada así. ¡Ha sido increíble! Me abraza fuertemente y su respiración se tranquiliza. Se ha dormido... ¡No me lo puedo creer! Pero con todos los esfuerzos de hoy rápidamente a mi también me llama el sueño y me quedo frito.

Al día siguiente cuando me despierto no está, miro cerca del refugio, pero no le veo. Decido desayunar un poco después de echar un meo, algo un poco complicado porque me he levantado con la tienda de campaña puesta. Cuando estoy terminado de desayunar oigo un jadeo... ¡puff! Me recuerda a anoche. ¡ANOCHE! No quiero ni pensarlo, voy hacia allí y está escalando. Me pongo los gatos y yo también le doy varios pegues a la roca.

Después de comer recogemos las cosas y volvemos a la furgoneta, rumbo a casa. Hacemos el viaje en silencio, demasiadas cosas en que pensar...



Han pasado un par de semanas desde que Dani y yo pasamos aquellos extraños días en la montaña. La verdad es que no hubo nada extraño, más que dos colegas compartiendo unos días libres en la sierra, haciendo lo que más les gusta hacer escalar… pero la última noche… nunca podré olvidar la última noche… ¡Deje que Dani me follara! No sé si fue el saber que estábamos los dos solos, todo lo que estábamos compartiendo o el vinillo que nos tomamos en la cena, pero nunca pensé que yo iba a hacer algo así… y menos aún que lo iba a disfrutar tanto.

He intentado no darle muchas vueltas, lo pasado, pasado está, y la verdad es que a la mañana siguiente ninguno de los dos dijo nada. No quiero hacer de esto un mundo, he intentado olvidarlo, pero cada noche me despierto cachondo perdido, repitiendo una y otra vez aquel momento. No hemos hablado desde entonces, no he vuelto a ir al roco, me he puesto mil escusas baratas, sobre todo el trabajo, que la verdad es que me está jodiendo la baja de Raquel, estoy echando más horas que un tonto. Pero hoy libro, así que vamos a ver si le damos unos pegues a la roca que al final voy a perder la forma.

-          ¿Qué pasa Lucas? –Me saluda Toni al entrar-

-          Nada aquí a ver si entreno un poco.

-          ¿Qué ya no te vemos el pelo?

-          El curro, que me tienen explotado.

-          Y que con el buen tiempo uno prefiere la  roca. –Le habrá dicho Dani algo, mierda, que situación-.

-          Si tío. –Opto por dar una respuesta corta, no vaya a ser que la lie-.

-          Ya me dijo Dani que eres un máquina en la sierra, que has progresado mucho. –Mierda han estado hablando de mí. ¿Le  habrá contado algo más?

-          Bueno tío, voy a ponerme los gatos. –Seguro que me estoy poniendo rojo, voy para dentro que al final se va a dar cuenta-.

-          Hasta luego tío.


Me pongo los gatos y estiro un poco. Voy hasta el fondo del roco y no puedo evitar una punzada de desilusión cuando veo que Dani no está dentro. No sé qué esperaba, ¿qué me estuviera esperando?, ¿qué se tirara a mis brazos? ¡Deja ya de hacerte pajas mentales! Lo que pasó, pasó. Me hecho bien de magnesio en las manos para no resbalarme al coger las presas y empiezo a trepar. Estoy como un toro pese a los días sin hacer nada. Necesito desfogar toda esta energía que llevo dentro. La gente se arremolina cerca para verme subir, yo estoy a lo mío. No puedo pensar, solo concentrarme en agarrar la siguiente presa.

Me falla una mano y caigo sobre las colchonetas, en el suelo entre las piernas de los que me están mirando veo sus muslos,  son inconfundibles, incluso en reposo marcan cada uno de sus músculos. Me levanto y le observo, ajeno a la gente que me rodea. Está en la entrada, ya con los gatos puestos, charlando con gente que conozco de vista. Su mano se apoya en una presa parece que en cualquier momento va a subir.

-          Lucas, ¿estás bien? – Me pregunta Juan, que está junto a mí, y al que no había reconocido hasta el momento-.

-          Si, si. –Consigo balbucear mientras inconscientemente me llevo la mano a  los dedos que me he raspado en la caída-.

No quiero seguir hablando. No puedo, su imagen ha roto todos los esquemas que me había creado para no bloquearme en esta situación, ¡mierda! Parezco un adolescente. Disimulo y vuelvo a encaramarme a la pared. Pero ya no estoy concentrado, así que me caigo constantemente. Decido salir a tomar el fresco un rato. Al pasar por la entrada saludo a los chicos que están animando a Dani, está totalmente colgado del techo. En horizontal, todos sus músculos se marcar. Nuestras miradas se cruzan y me sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa y sigo caminando. No me paro, porque no sé qué decirle. ¡Qué sonrisa! Sus dientes son perfectos. Y sus ojos, ¡qué ojos! Verdes, pero de un verde intenso, definido, ¡perfecto! No como los míos, marrones, de lo más normal.


Los gatos me están matando, me pongo las deportivas y salgo a la calle, fuera están los de siempre con unas latas de cerveza en la mano. Los saludo y me voy al chino de la esquina a pillarme una también.  Nos echamos unas risas mientras nos pasamos un porrito de uno a otro. Sale Dani riéndose con Juan. ¿Estarán hablando de mí? ¡Ya empiezo con la paranoilla de la marihuana! Si es que no se para que fumo con lo mal que me sienta.

Se unen al grupo, proponen salir la semana que viene tres días a una nueva zona que han descubierto esta temporada. Está un poco lejos pero merece la pena. Todos se muestran entusiasmados pero como es entre semana al final el único que se apunta soy yo. Tendré que pedir un día libre, pero con lo que he currado no me lo pueden negar.

Me despido, que mañana tengo que madrugar y al final entre los porros y las latas, que han caído una detrás de otra voy contentillo para casa. ¡No me lo puedo creer! De nuevo en la naturaleza con Dani. No te hagas pajas mentales que no vamos solos, que esta vez se apunta Juan, vamos que es él quien lo organiza, que está de vacaciones, y somos los únicos pirgaos que no libramos los findes, así que con quién iba a ir. No creo que pase nada yendo los tres. Al menos espero poder hablar con él y aclarar un poco las cosas. El hacer como que no ha pasado nada no va conmigo, hay que apechugar con lo que cada uno hace.

¡Por fin! Ha llegado el día. Lucas, tranquilízate que pareces una quinceañera. Prepara las cosas y que no se te olvide nada. Vamos en la furgo de Dani, primero recogerá a Juan y luego pasarán a por mí. Estoy sentado en el sofá fumándome un cigarro, acabo de apagar uno, pero estoy de los nervios. ¡Relájate! Suena el móvil, ya están abajo. Cojo las cosas y hago un último repaso mental para que no se me olvide nada. En el último momento voy a la despensa y cojo una botella de vino…

-          ¿Qué pasa tío? – Me tiende la mano a modo de saludo al entrar en la furgoneta-.

-          Hasta los cojones del curro. –Se la estrecho, su mano es áspera, al igual que la mía, la aprieta con fuerza, y creo que tardamos más de lo normal en soltarnos-.

Saludo a Juan con la cabeza, está hablando por teléfono, y por la cara que tiene parece algo serio. Nos quedamos en silencio hasta que cuelga.

-          Tíos, lo siento, pero no puedo ir.

-          ¿Y eso?

-          Mi madre, que me acaba de llamar que está mi abuela en el hospital. Es muy mayor y está malita. No me quedaría tranquilo estando en el monte sin cobertura.

-          No pasa nada tío. Otra vez será. –Me apresuro a decir mientras golpeo suavemente su hombro-.

-          ¿Te acerco a algún sitio? –Dice Dani-

-          ¿Si no te importa llevarme al hospital?

-          Claro, tío.

Dejamos a Juan en la puerta del hospital, pobre, va con la mochila a cuestas. El crash pad nos lo llevamos, ya se lo devolveremos a la vuelta.  Se le ve muy preocupado. Yo me bajo y me siento de copiloto. No tiene ningún sentido que me quede en la parte de atrás.

-          ¿Vamos? –Dice Dani mientras me da una palmada en la rodilla y deja su mano apoyada unos segundos.

-          Claro. –Balbuceo concentrado en la sensación de su áspera piel en mi pierna-.

-          Pobre Juan, con las ganas que tenía de llevarnos a ese nuevo rinconcito que ha encontrado por internet.

El viaje transcurre en silencio, como siempre, escuchando la música, pero esta vez ninguno de los dos canturrea, se nota la tensión. Yo no sé qué pensar. Le miro de vez en cuando de reojo. Más de una vez intento decir algo. Pero no me salen las palabras. Su perfil me tiene embobado, tiene el pelo un poco largo, despeinado, y una nariz pequeña, respingona, que suaviza sus rasgos, no le pega mucho, le hace una cara graciosa, de buena persona. También tiene un poco de barba, de varios días, pero poco poblada. Yo no llevo barba y el pelo lo tengo cortito, es mucho más cómodo.

-          ¡Mierda! No tengo ni puta idea de donde estamos. –Dice al pararse en una cuneta-

-          Espera que miro en el móvil a ver si con el google maps nos encontramos.

-          A ver si hay cobertura, porque estamos en el culo del mundo.

-          Mira aquí estamos, ¿cómo dices que se llama el pueblo de donde sale el desvió?

-          Espera, que miro el wathsapp que no me acuerdo. –Saca el teléfono y me enseña una conversación con Juan-.

-          Estamos a unos diez kilómetros, ¡ya estamos cerca!

-          A ver, pero nos hemos pasado, voy a intentar dar la vuelta.

Es de noche, aunque se nota que los días son más largos estamos solo en mayo y pronto se mete el sol. Más aquí con los picos tan altos que nos rodean. Cuando entramos en el camino de tierra que llega hasta la zona de escalada vemos como en el horizonte se dibujan sus siluetas. Para el motor. Estamos en una zona arbolada, no se ve más allá. Al bajar se escucha un rio.

-          ¡Ya estamos aquí! – Grita mientras baja de la furgo y da unos saltitos para estirar las piernas.

-          ¡Qué ganas tenía! –Digo con demasiado entusiasmo- ¡Aire puro! - Me apresuro a decir para no dar a entender… ¿qué? Pero si no se ni lo que quiero—

Cenamos a la luz del camping gas, esta vez hemos venido más preparados, como la zona de escalada tiene fácil acceso hemos traído de todo. Saco la botella de vino y al cogerla, Dani me sonríe. Espero que este recordando la última vez, nuestros dedos se roza, y noto como un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Comemos con hambre, el viaje ha sido más largo de lo esperado, y más los últimos kilómetros que andábamos perdidos. Recogemos y vamos a la furgoneta, sacamos el material y lo dejamos en los asientos. Dormiremos en la parte de atrás. El  suelo está cubierto por aislantes mullidos,  de esos de hacer Pilates ¡Qué cabrón! A cuantas tías se habrá trajinado aquí ¿o serán tíos? Me pongo nervios, no quiero ni pensarlo.

Voy a echar un meo antes de dormir. Cuando vuelvo está tumbado, en camiseta y gayumbos, ha dejado el saco abierto. Extiendo el mío y me quito los pantalones. Nos quedamos los dos mirando al techo con la luz apagada. El reflejo de la luna entra a través de los cristales. No me puedo dormir, el sonido del agua se escucha cerca, y suenan animales a lo lejos. Esta situación es muy rara… Me muevo a ver si encuentro postura. Mi pierna roza la suya. La dejo ahí, no sé qué espero que pase, pero pasa… siento su mano en rodilla. Sube por mi muslo acariciándolo, mi polla pega un respingo, ese leve contacto me ha puesto a mil. Se me escapa un jadeo. -¡ahh!-  No puedo evitarlo.

Su mano avanza hasta llegar a mis calzoncillos, me acaricia la polla por encima de la tela. Estoy inmóvil, de nuevo paralizado, pero esta vez no puedo echarle la culpa al saco. Soy libre de moverme y no lo hago. Siento como expulso las primeras gotas que mojan la tela. Sigue subiendo, acaricia mi abdomen,  recorre con un dedo las formas que hacen mis músculos.  Juega con los pelillos de mi pecho y al pasar por el cuello me recorre un escalofrío. Está más cerca de mí. Noto su cálido aliento, huele a tabaco y vino, pero no me desagrada. Sus labios se acercan y se encuentran con los míos. Comienza a besarme, torpemente le respondo. ¡Me está besando! ¡Me está besando un hombre! ¡Me está besando Dani! Su lengua penetra en mi boca. Siento como explora, la mía contraataca y las dos se enzarzan, primero tímidamente y luego con fuerza. Su barba me roza la piel de la cara, es una sensación extraña, pero agradable. Se mueve, está sobre mí, coge mis manos y las pone por encima de mi cabeza, siento como su polla crece contra mi cadera. Se restriega con mi cuerpo.

¡No me lo puedo creer!  No hemos hablado nada, me hubiera gustado aclarar las cosas, pero mi anatomía responde ante cada uno de sus roces. Ahora besa mi cuello, lo lame y llega hasta mi oreja.

-          Te he echado de menos. -Me dice en un susurro y yo me derrito-

-          ¡Ahh! –Jadeo, es lo único que puedo decir-.

Sigue bajando, ahora está en mi pecho,  mis manos están atrapadas por el fuerte agarre de una de las suyas sobre mi cabeza, no puedo moverme, ¡No quiero moverme! Con su lengua lame uno de mis pezones y sus dientes lo muerden suavemente, con la mano libre pellizca el otro ¡Qué sensación! Un impulso eléctrico que sale directamente desde ese punto, recorre mi cuerpo hasta llegar a la polla que ahora llora un liquidillo visco empapando mis gayumbos. Su lengua sigue el camino hasta mi ombligo. Sigue bajando, me besa recorriendo la goma de los calzoncillos, la punta de mi polla se escapa por arriba, la tela no puede contener mi erección, ¡creo que voy a correrme! Pasa su lengua por la zona que se escapa y yo grito -¡ahh!- Suelta mis manos y tira de los gayumbos, muevo mis piernas para sacármelos por los pies. Coge una de ellas y me besa la cara interior del muslo. Despacio, recorriendo cada centímetro de piel, es desesperante. Mi polla grita por atención, ¡voy a explotar! Y prácticamente ni la ha rozado. Entierra su cabeza entre mis piernas, aspira el olor, es una cerdada… pero ¡me pone a mil! Restriega su cara por mi polla y mis huevos, lame, huele, chupa cada parte. Sus manos están en mis caderas y yo bajo una de las mías. La pongo sobre su cabeza, sin apretar, no quiero obligarle a nada, pero vamos, él solito lo está haciendo todo. Se mueve y la devuelve a su sitio. Es raro, pero no me importa. Estoy disfrutando y encima no quiere que haga nada.

Lame uno de mis huevos, se lo mete en la boca, ¡es increíble! Ahora recorre toda la longitud de mi polla con su lengua y se la mete entera, de una vez  -¡ahhrggg!-  No es que tenga un pollón, pero no estoy mal dotado, es bastante ancha y por lo menos de diecisiete centímetros, aunque estoy tan cachondo que creo que ha crecido. Me come la polla como nadie lo ha hecho antes, alguna tía lo ha intentado pero se veía que no disfrutaba. Por el contrario él se está luciendo, se ve que le gusta.

Suelta mi polla, y yo protesto un poco, -¡ummm!- pero vuelve a lamerme los  huevos, baja, masajea con su lengua el espacio que los separan de mi culo, me besa y llega hasta el agujero. Un escalofrió me recorre mientras recuerdo el dolor de la última vez, ¡la primera vez! Pero estoy demasiado cachondo para detener esto. Sus labios humedecen toda la zona. Tengo las piernas dobladas y el agarra mis caderas fuertemente asiéndome para que no me mueva. Aun así, mi pelvis se balancea de arriba abajo siguiendo  su movimiento. Suelta el agarre de una de sus manos y con ella acaricia mi polla, -¡Nooo!- Logro decir, como la toque voy a correrme, sigue bajando y se une a su boca.  Comienzo a notar presión y uno de sus dedos se introduce en mí.

Esta vez no me duele, es una sensación extraña pero no de dolor. Entra y sale muy despacio y cuando llega al final hace círculos, ¡es increíble! Ahora mete otro dedo y repite la operación. No me lo puedo creer, mi cuerpo le acepta como si ese fuera su lugar. Introduce un tercer dedo y noto como mi piel se estira, ahora si siento una pequeña punzada de dolor, pero va desapareciendo cuando comienza a mover los tres dentro de mí. Los saca, me siento vacío, se incorpora y se quita los calzoncillos.

Me mira y yo siento un poco de vergüenza. El verde de sus ojos brilla con la luz de la luna.  Es la primera vez que nos miramos fijamente desde que hemos empezado, se acerca a mí me besa, de nuevo siento el roce de su barba. Se tumba sobre mí y sigue sujetando mis manos por encima de mi cabeza, fuertemente y con la otra mano levanta una de mis piernas quedando entre las dos. Nuestras pollas están juntas y aprieta sus caderas contra las mías.

-          ¿Estás preparado? –Me dice mirándome a los ojos-.

-          Siii… -Digo malamente, porque no sé si lo estoy, pero de lo que estoy seguro es de que le quiero dentro de mí-.

-          Siento si te hice daño la otra vez, no sé qué me paso… el vino… yo que sé.

-          ¡Ahhh! –Atino a decir, porque todo me cerebro está concentrado en el movimiento de su cadera.

-          Esta vez, voy a ir despacio y vas a disfrutar desde el principio.

Me ha gustado que se disculpara, pero la verdad yo tengo parte de culpa, porque en ningún momento me quejé. Dejo de pensar, se ha incorporado y con la poca luz que entra por el cristal puedo ver su polla. ¡Es enorme! No me extraña que la otra vez sintiera que me partía por la mitad. No sé lo que medirá, pero seguro que más de veinte centímetros y es muy ancha. Sin soltarme las manos, coloca mis pies sobre sus hombros y se ayuda con la mano libre para posicionar la punta de su polla en mi entrada. Noto la presión, introduce su capullo y noto una ráfaga de dolor, que se refleja en mi cara. Me acaricia y me besa y yo me relajo. La presión continua, suavemente va entrando. De vez en cuando se detiene y me besa de nuevo. Hasta que noto como sus huevos chocan contra mi culo. ¡Es increíble! Cómo puede haber entrado todo eso dentro de mí. Espera unos segundos y comienza a moverse, primero despacio, pero va incrementado el ritmo. Su polla parece crecer dentro de mí. Yo me muerdo el labio para soportar el dolor que estoy sintiendo. No es tanto como la primera vez, pero aun así, sigo notando que me voy a partir en dos. No puedo moverme aunque quisiera sus fuertes brazos sujetan mis manos y su cuerpo apresa el mío. Le siento muy dentro, mucho más que la otra vez, pero de nuevo comienza a estimular algo dentro, muy dentro. Noto como esta zona está conectada directamente con mi polla, que estaba un poco pachucha debido al dolor, pega un respingo quedando atrapada entre nuestros cuerpos.  Se roza con mi abdomen y el suyo. Esto me pone a mil.

Sus embestidas cada vez son más fuertes y más profundas, noto su aliento junto a mi oído, su respiración está muy alterada, creo que se va a correr de un momento a otro. Pero para, ¿qué pasa?, ¿no le gusta? Me agarra por los hombros y nos gira. Ahora estoy sobre él. Me incorporo. Todavía tengo su polla dentro de mí. Me recoloco para que no se salga. Agarra fuertemente mis caderas y me dice.

-          Quiero que me cabalgues. – Lo dice muy serio, autoritario-.

-          Siii. –No sé qué decir, me impacta su tono, pero a la vez me pone muy cachondo.

-          Muévete. –Le obedezco, y comienzo a balancear mis caderas-.

Me coge de los glúteos y marca el ritmo, estaré yo encima pero sigue siendo él quien dirige. Estoy disfrutando tanto que me da igual. Nunca pensé que algo así sucedería. Cada vez vamos más rápido, y aunque el marca el tiempo yo controlo la profundidad de la penetración. Esto hace que me sienta más cómodo y el placer sea mucho más intenso. Sus dedos se tensan y me clava las uñas en la piel, levanta sus caderas y noto como mi interior se inunda, uno, dos, tres trallazos golpean fuertemente mi intestino.  ¡Increibleeee! Me dejo llevar y mientras me pajea yo también me corro sobre él. Toda mi leche cae en su pecho y en su cara. Me derrumbo.  Me abraza y me besa. Salé de mí yo protesto. Me siento vacío.

Estoy junto a él, entre sus brazos, nos arropa a ambos con uno de los sacos. Y siento como el sueño puede conmigo…

unaxgarcia



martes, 30 de diciembre de 2014

Finde en la playa, hetero curiosos

Hetero ¿? curioso... hetero curiosos y curiosones



Desde hace un montón de años (casi toda la vida) en mi familia vamos de vacaciones a unos apartamentos en la playa. Como tenemos dos apartamentos nos separamos, en uno nos metemos la familia de mi padre y en el otro la de mi tía, hermana de mi padre. Yo siempre me he llevado muy bien con mi primo, que tiene mi misma edad, y siempre que íbamos de vacaciones nos pasábamos todo el día juntos. Siempre estábamos jugando en la playa o en la piscina, a fútbol o a básquet o a la consola, sólo nos separábamos a la hora de dormir. Aunque a veces ni eso, por que desde que tenemos 15 años nos vamos por las noches con los amigos que tenemos en los apartamentos y dormimos muy poco.

Este verano pasado nos volvimos a reunir allí. Pero ahora las cosas son totalmente distintas. Los dos tenemos 22 años y no podíamos pasar allí todo el mes por culpa del trabajo. Así que nos organizamos como pudimos para coincidir todo el tiempo que fuera posible y al final resultó que sólo podíamos hacerlo en septiembre. Pero claro, la familia no podía ir en septiembre, así que pasaríamos una semana acompañados de nuestros padres y demás familiares y luego estaríamos tres semanas solos. O al menos eso pensaba yo.

Cuando llegué al apartamento mi primo ya estaba allí. Yo tenía muchas ganas de verle, y después de instalarme mi madre me avisó de que él (que se llama Álex) estaba en la playa. Me puse mi bañador, cogí una toalla y fui a buscarlo. Al acercarme lo vi en la arena, me alegré bastante. Pero entonces él (que no me había visto) se levantó y fue hacia la orilla, se acercó a una chica la abrazó y le dio un beso. En ese momento sentí algo raro. Sentí celos.

Me paré en la arena mirando a mi primo y a la chica riendo y hablando. Y no entendía nada de lo que me estaba pasando. Supuse que aquella era su novia, sabía que tenía novia, pero no sabía que la iba a llevar. Pensé que no me gustaba que estuviera allí, que quería pasar aquel tiempo solo con mi primo y la idea de pasar tres semanas los dos totalmente solos me gustaba mucho, por que sabía que nos lo íbamos a pasar en grande. Pero a parte de todo eso, me jodía que tuviera novia. Y no sé por qué. Yo hacía un par de meses que había cortado con una chica con la que había salido durante 6 meses, y ahora tonteaba con otra que estaba a punto de caramelo. Pero me jodía que mi primo tuviera novia. Y me asusté al darme cuenta que me jodía por que tenía la idea de que hiciéramos algo que yo llevaba desde críos deseando.

Desde que éramos muy pequeños mi primo yo nos habíamos pajeado juntos un montón de veces. Casi habíamos descubierto las pajas juntos y desde que lo hicimos pasábamos todo el mes de vacaciones pajeándonos casi siempre que podíamos. Nunca habíamos hecho nada más, pero yo siempre había tenido una especie de sueño. Quería quedarme un tiempo, al menos un día entero, con mi primo solos, en alguno de los dos apartamentos, pajeándonos o haciendo más cosas. Quería hacer el guarro, pasarnos el día en pelotas, cascándonosla siempre que nos apeteciera. Incluso tenía la idea de ligarnos a un par de chicas y montar una orgía.

Pero con su novia allí, se me cortó el rollo. Me acerqué a ellos, nos saludamos, estuvimos hablando... Ella se llamaba Elisabeth y tenía un par de años más que Álex. Al mediodía fuimos a comer al apartamento de mis padres toda la familia y hablando hablando surgió un tema que yo no esperaba. Mi primo y su novia estaban prometidos y se iban a casar.

A partir de ese momento me di cuenta de que la semana iba a ser muy aburrida. Que hasta que no nos quitáramos a todos los familiares de encima (incluida la novia) aquello no tendría nada de diversión. No me atreví a preguntarle a mi primo si Eli se iba a largar el 31 de agosto, pero yo tenía la impresión de que sí.

El caso es que, efectivamente, la semana fue muy aburrida. Álex y Eli pasaban todo el día juntos y no tenía más familiares de mi edad con los que pasar un buen rato. Todos eran mayores y o eran mis padres o eran primos casados y con hijos. Y para más INRI mis amigos no estaban por que todos se habían tomado vacaciones en julio.


Una noche le propuse a mi primo ir a bañarnos a medianoche a la playa. La tonta de la novia se acopló y se vino con nosotros. A mí no me hizo ni puñetera gracia, pero no podía decirle que no. Estuvimos un par de horas bañándonos, aunque nos costó Dios y ayuda convencer a Eli de que perdiera el miedo y se metiera en el agua. A eso de la 1 y media ella quería irse. Yo quería quedarme un rato más y Álex, que se dio cuenta de que yo no soportaba a la novia, la convenció de que se fuera sola que él se quedaba un rato más.

En cuanto se largó yo me quité el bañador y me metí en el agua. Álex hizo lo mismo y empezamos a nadar y a hacer un poco el subnormal. Que si ahora te ahogo yo, que si ahora me ahogas tú. Empezamos a nadar y fuimos hasta una plataforma que había a unos 20 metros de la orilla y nos sentamos en el borde, con los pies en el agua. Empezamos a hablar de nuestras vidas, de mis novias, de Eli... Yo fui tirando hacia el pasado, quería recordarle nuestra época de pajilleros. Como no conseguía llevarlo hacia donde yo quería, lo solté sin más.

Tengo ganas de hacerme una paja.

¡Pues háztela!.- dijo Álex.

Yo, ni corto ni perezoso, cogí mi polla y me la empecé a sobar. No tardé en conseguir una erección poderosa que me hizo descapullar rápidamente. Mi nabo mide unos 18 centímetros y es bastante gordo. Empecé a pajearme lentamente, me recosté un poco hacia atrás y exageré mis gemidos para llamarle la atención. Entonces me estiré completamente y seguí pajeándome. Vi que Álex también se estiraba, pero de costado, mirándome y entonces cogió mi polla y siguió cascándomela él. Yo no dije nada, simplemente actué como si aquello fuera lo más normal del mundo. Estábamos acostumbrados a masturbarnos el uno al otro (aunque hacía tiempo que no lo hacíamos) y por eso le dejé hacer. Él empezó a hablar.

¿Así que no tienes novia?

No, rompí con una chica hace un par de meses.

¿Y novio?

Le miré asombrado, me extrañaba que pudiera pensar que yo era gay. Le pregunté por qué lo decía y él dijo que era una pregunta tonta y que no pasaba nada si le decía que sí. Le dije que no, que no había tenido ningún novio. "Pues yo hace un mes me lié con un tío" Yo me incorporé de golpe y me aparté, mi polla salió disparada de su mano.

Al ver el susto que me llevé me lo explicó todo. Había salido una noche de fiesta sin Eli y se había emborrachado mucho, y el caso era que sin saber cómo había acabado en el lavabo con un tío comiéndole la polla. Cuando terminó de correrse el otro tío le obligó a que se la chupara a él y cómo iba tan borracho no se pudo resistir. El tío se corrió en su boca y se fue, y él se quedo en el lavabo sin saber qué hacer. Decidió guardarse el secreto y yo era la primera persona a la que se lo contaba.

No me atreví a decir nada. Él me miró y se tiró al agua. Yo me acerqué al borde y al mirar en el mar vi que él no estaba. Entonces salió de debajo del agua y antes de que yo pudiera hacer nada se metió mi rabo en su boca. Empezó a sorber con fuerza y a mí esa sensación me gustó mucho. Con los brazos sobre mis piernas se aguantaba para seguir chupando. Lamía mi tranca con gula y con bastante traza, me hizo dudar si sólo se había comido una polla en plena borrachera. Marcaba sus dientes en mi carne y se la metía hasta el fondo, cuando notaba su aliento en mi vello púbico me daba muchísimo gusto. Después de estar un rato chupándola se la sacó y empezó a lamerme el capullo. Lo hacía con rápidos movimientos de la lengua, sin ningún pudor. A mí aquello me gustaba tanto que no quise detenerlo en ningún momento. Fue bajando su lengua por el tronco de mi rabo y luego empezó a chuparme los cojones. Yo puse una de mis manos en su nuca y con la otra empecé a pajearme. Él chupaba mis huevos, se los metía en la boca y los sorbía haciendo presión. Mordía mi escroto y me besaba los muslos. Le cogí del pelo y estiré, y volví a guiarle para que me volviera a chupar el rabo. No tardé mucho en correrme, después del primer trayazo él se la sacó de la boca y me corrí en su cara. Él mi miraba sonriente.


En ese momento sentí miedo, miedo de que él quisiera que yo hiciera lo mismo. Nos estuvimos mirando un rato y me preguntó si quería chupársela. Le dije que no, que como mucho le haría una paja. Me tiré al agua y me puse a su lado. Cogí su rabo, que estaba a punto de explotar y empecé a pajearle. Estábamos los dos cara a cara, notaba su aliento en mi cara. Él abrió la boca y vi que aún tenía algo de mi leche en la lengua. Sin saber por qué abrí la boca y dejé que me besara. Entonces fue cuando noté que se corría. El gimió, y mientras pegaba trayazos de lefa me abrazó y empezó a besarme en el cuello.

Cuando terminó permanecimos abrazados un rato. Luego nos separamos y nadamos hacia la orilla, sin decir nada. Nos pusimos los bañadores y fuimos hacia los apartamentos. Mientras caminábamos él me confesó que llevaba mucho tiempo esperando el momento de hacerme una mamada. Yo le dije que no le decía nunca que no a nadie que quisiera chuparme el rabo. Nos reímos y seguimos hacia los apartamentos, sin decirnos nada.

Aquella noche no pude dormir. Como duermo solo en una habitación pequeña me pasé la noche pajeándome pensando en Álex. Y sobretodo, sobretodo, deseando que la tonta de la novia se largara el día 31.

Al día siguiente Álex pasó a buscarme bastante temprano para ir a comprar. Nos había tocado ir a hacer la compra, y como nosotros nos íbamos a quedar más tiempo teníamos que ir los dos para comprar lo que nos diera la gana. Mientras íbamos empujando el carrito Álex me llevó a la zona de droguería y me dijo que buscara unos condones que sirvieran para penetración anal. Yo le miré asombrado, sin saber qué hacer y entonces me acerqué a él y le susurré que no le iba a pedir que se pusiera condón para follarme. Él se asombró aún más y me dijo que los condones eran para usarlos con Eli, que le gustaba que le dieran por el culo. Yo me puse rojo, me dio muchísima vergüenza. Pero Álex me sonrió me miró fijamente y me dijo que si quería que me follara sin condón, lo haría.

Mientras volvíamos en el coche no me atreví a decir nada. Álex conducía, paró un momento en la cuneta y nos quedamos allí un rato. Al final me miró y me dijo:

Si quieres que nos lo montemos en serio lo hacemos. Eli se irá la primera semana de septiembre. O sea que tenemos dos semanas para follar siempre que queramos.

Pero es que no sé si es lo que quiero.

Claro que lo quieres.- y puso su mano en mi paquete- esto te delata.

Álex tenía razón. Yo estaba tremendamente cachondo, llevaba todo el camino empalmado y no podía ocultar mi polla debajo del tejano que llevaba. Él empezó a desabrochar los botones del pantalón y vio con alegría que no llevaba calzoncillos. Cogió mi rabo y empezó a pajearme. Yo me recosté en el asiento y cerré los ojos. Disfruté como pocas veces lo había hecho durante una paja. Pensé en avisarle cuando fuera a correrme, para no mancharme. Pero justo cuando noté la leche a punto de salir sonó el móvil de Álex, los dos nos pusimos nerviosos y toda mi lefa salió disparada hacia mi camiseta. Cuando terminé de correrme Álex descolgó. Era Eli que quería no sé qué. Cuando colgó miró mi camiseta y le entró la risa. Arrancó y volvimos a los apartamentos. Para disimular yo me había quitado la camiseta y la puse corriendo en el cesto de la ropa sucia. Mientras Álex y yo descargábamos la compra los demás estaban en la playa. Cuando terminamos de ordenarlo todo fuimos a ponernos los bañadores, yo me quedé en mi apartamento y Álex se fue al suyo. Antes de salir me miró y me dio un beso en los labios.

Cuando cerré la puerta me di cuenta de que aquel iba a ser el mejor verano de mi vida. Y lo fue. Ya lo veréis.

Al día siguiente de que Álex y yo fuéramos a hacer la compra, yo aún no podía quitármelo de la cabeza. Seguía pensando en la otra noche en la playa, en la paja del coche y, sobretodo, en el beso que me dio antes de ir a la playa cuando volvimos. Aquel beso para mí significó mucho, tal vez demasiado. Aquella era la primera vez que tenía algo con un tío, y además era algo fuerte y era con mi primo. Pero era muy pronto para ponerme a pensar en los caminos que cogería nuestra "relación" y decidí pasar del tema y vivir el momento.

Y menos mal que no me dio por querer "acercarme" a él, por que después del día de la compra Álex casi no me dirigía la palabra. Si bajaba yo a la playa él se iba a la piscina, si iba yo a la piscina él se subía a su apartamento y si le llamaba para ir a tomar algo, me decía que iba a hacer cosas con Eli. Yo me empecé a mosquear, por que pensaba que lo que nos había pasado a él no le importaba, que se lo había tomado como un juego o algo así. Incluso llegué a pensar que se le había olvidado.

Yo lo pasé mal, estaba muy nervioso. Me jodía que jugara conmigo. Cogí mi coche y me fui a ligar. Necesitaba aclararme, saber qué era lo que sentía. Quería saber si yo era gay, si era bisexual o si lo que había pasado con mi primo era un calentón. El caso es que una noche salí solo de fiesta y ligué con una chica. Terminamos montándonoslo en el asiento trasero de mi coche. Lo disfruté, sí. Me gustó, sí. Pero no era lo mismo. Aquello era algo "habitual" estaba acostumbrado, en cambio hacerlo con un tío tenía un punto que ninguna chica podía darle a aquel momento. Supongo que todos tenemos un momento lúcido de autodescubrimiento, y aquél era el mío.

Así que dos días después de la compra con Álex estaba decidido a pillarlo por banda y dejar las cosas claras.

Me levanté por la mañana y descubrí con alegría que todo el mundo se había ido a la playa y que estaba solo en el apartamento. Decidí que no me apetecía ir a bañarme y como hacía calor preferí darme una ducha y jugar un poco con la consola. Entré en el baño, me desnudé y me metí bajo el chorro. Al rato me pareció escuchar cerrarse la puerta del apartamento y pensé que sería alguno de mis padres que iban a buscar algo. Pero a través de la mampara vi que se abría la puerta del baño y que alguien se quedaba quieto en el umbral. Abrí la mampara asomando la cabeza y vi que era Álex. Llevaba un bañador y una camiseta. Yo sonreí. Él me miraba fijamente. Abrí totalmente la puerta de la ducha y dejé que me observara. Él se quedó un rato mirando como el agua de la ducha resbalaba por mi cuerpo y se llevaba la espuma del jabón. Se acercó hacia mí, me miro y alargó su mano y comenzó a acariciar mi torso.

He estado pensando.- dijo él- y no puedo hacerlo.

¿Qué no puedes hacer?.- pregunté yo, mientras me recostaba en la pared.

Tengo novia. Lo del otro día... deberíamos olvidarlo.

No puedo olvidarlo.- Mi polla había empezado a ponerse dura. Yo cogí su mano y la acompañé mientras me acariciaba.

Pues hazlo. Quiero a Eli.

No te estoy pidiendo que la dejes.

Soy yo el que me lo pido. O tú o ella.

Y dicho esto dejó de acariciarme y salió del baño. Me dejó allí solo, empalmado, excitado. Y en ese momento decidí olvidarme de Álex. Agarré el bote de jabón, me enjaboné una mano y empecé a pajearme. Mientras con una mano me acariciaba el nabo con la otra repasaba los sitios por los que Álex había pasado su mano. Noté la tensión en mis pectorales y en mis abdominales. Las horas de gimnasio daban sus frutos. Me gustaba masturbarme mientras acariciaba cada uno de mis abdominales. Tardé poco rato en correrme y mientras lo hacía apretaba con fuerza mi verga, pensando que era la verga de Álex. Quería retorcerla y hacerle daño. Cuando terminé de correrme quedé un rato apoyado en la pared, agobiado y tremendamente dolido.

Así que pensé que si él quería pasar de mí yo pasaría de él. Me pasé tres días decidiendo qué iba a hacer. Sopesaba todas las posibilidades, ignorarlo vilmente, volverme a casa, quedarme y no hacerle caso las tres semanas que estaríamos solos o si simplemente lo cogía por banda y lo violaba directamente. El caso es que, me levanté un viernes y resultó que mi familia se largaba ese mismo día. Estaban todos recogiendo y se iban después de comer. Yo calculaba que se irían el domingo, pero mi padre me dijo que preferían irse hoy para no pillar caravanas y así poder arreglar la casa y prepararlo todo para volver a trabajar el lunes. Durante toda la mañana estuve echando una mano, ayudándoles a recoger y al mediodía nos reunimos la familia de los dos apartamentos para comer juntos y despedirnos. A eso de las seis de la tarde todos empezaron a recoger, se subieron a los coches y se fueron. Nos quedamos Eli, mi primo y yo viendo cómo se iban los coches. Era tarde para ir a la playa o a la piscina, así que decidí irme al apartamento. Y a lo mejor cogía el coche y me iba al cine. Cuando me preguntaron qué iba a hacer y les conté Eli pensó que estaría bien ir todos juntos al cine. La tonta me chafó el plan.

A eso de las diez de la noche estábamos en la puerta del cine eligiendo la película. Yo estaba tan amargado que me daba igual qué película viéramos. Al final eligió Eli, una comedia romántica de esas que de tan empalagosas que son dan ganas de vomitar. Nos tocó un lateral de la última fila, y yo me senté pegado a la pared, para que si caía dormido pudiera apoyarme tranquiltamente. La sala se llenó hasta arriba.

A la media hora de película el calor era sofocante (a parte de que la peli era un tostón). Eli y Álex estaban más interesados en pegarse el lote que en prestarle atención a la historia y yo me derretía de calor. Me quité la camisa de manga corta que llevaba y me quedé con la camiseta de tirantes que suelo ponerme debajo. Como la peli no me interesaba lo más mínimo me dediqué a mirar a los dos tortolitos darse el lote. Álex estaba sentado a mi lado, dándome la espalda, besando a Eli. Me fijé en lo bella que era su nuca, y también me di cuenta de que cuando en la película había silencio podía oir sus bocas besándose. Mi polla empezó a ponese dura sin motivo y pensé en hacerme una paja. Era peligroso, pero me apetecía. Estaba yo pensando en cómo hacérmela sin que nadie se diera cuenta y en cómo lo haría para no mancharme, cuando ve que Eli se levanta y se va. Álex se queda mirándola hasta que desaparece de la sala. Me miró y me dijo que se iba al lavabo. Álex me hizo un repaso, se extrañó de verme sin la camisa y se fijó en que bajo mi pantalón (llevaba uno bastante ajustado y sin ropa interior) mi polla luchaba por salir. Yo estaba medio recostado en la pared. Álex alargó su mano y empezó a acariciarme el abdomen. Yo me excité aún más al notar el tacto de su mano acariciando mi camiseta de algodón. Me hizo una señal para que me acercara, que quería decirme algo. Me incorporé y se acercó a mi oído para decirme: "yo también estoy cachondo" y me pasó la lengua por el oído. Luego bajó la mano que tenía en mi abdomen y la introdujo como pudo por el pantalón. Sobó un poco mi polla (no pudo hacer mucho, aquello estaba muy apretado) luego volvió a sacar la mano, cogió la mía y la llevó hasta su pantalón. Bajó la cremallera y metió mi mano para dejarme comprobar lo duro que estaba su rabo.

Sacó la mano, se subió la cremallera y se recostó para ver la peli. Al momento apareció Eli y se volvió a sentar. Al poco rato volvían a estar liándose. Pero Álex desvió uno de sus brazos y lo puso detrás de su espalda. Yo me di cuenta de lo que quería, así que me situé bien en el asiento, un poco recostado hacia Álex. Mientras se besaba con su novia me acariciaba el abdomen. Yo aproveché que Eli no podía verme, desabroché los botones de mi pantalón en silencio y empecé a masturbarme. Tenía miedo de que los de la fila de delante nos vieran, pero estaban muy interesados en la película y si no hacía ruido no se girarían. Cogí la mano de Álex y la llevé hasta mi polla, que estaba a punto de reventar. En cuanto tocó mi rabo apartó la mano rápidamente, pero se la volví a coger y comencé a masturbarme con ella. Tardé muy poco en correrme. Mi leche salió con fuerza y cayó por toda mi camiseta. Su mano y parte de la espalda de su polo también se mancharon. Una vez había terminado de correrme alargué la camiseta para limpiarme el rabo y esperé a que se secara la lefa para volver a ponerme la camisa. Álex se limpió cómo pudo en el tapizado del asiento sin separar su boca ni un momento de la boca de su novia.

Cuando terminó la película yo tenía una amplia sonrisa en la cara. Eli comentó que se alegraba de que me hubiera gustado tanto la película y Álex estaba bastante cabreado y muy nervioso.

Nos subimos en nuestros coches (ellos en el suyo y yo en el mío) y volvimos a los apartamentos. Yo comenté que me iba a dar un baño antes de acostarme, pero mi primo y su novia dijeron que no les apetecía y se fueron a dormir. Pero al momento Álex volvió corriendo, me miró fijamente, y me agarró la polla y los huevos con fuerza, haciéndome bastante daño. "La próxima vez ándate con cuidado, gilipollas" y me soltó. Yo quedé de pie, medio retorcido, con mis manos en mi paquete. Antes de que se fuera le pregunte que a qué jugaba. Él me miró fijamente y me dijo: "Quiero follar contigo sí, pero ve con cuidado." "¿Y lo del otro día? ¿Qué quisiste decirme en la ducha?" "Este no es momento de hablarlo, mañana iré a desayunar a tu apartamento".


Y dicho esto se fue a dormir. Yo fui a mi apartamento, me puse el bañador, cogí una toalla y me fui a dar un baño a la playa. Me bañé desnudo, no pude reprimirme y tuve que masturbarme un par de veces. Me encanta pajearme bajo el agua. No podía quitarme a Álex de la cabeza. Lo de aquella noche había sido la locura más grande que había hecho jamás. Me había follado a alguna chica en algún baño público, pero nunca me habían hecho una paja en un cine, rodeado de tantísima gente. Y si encima me la hacía mi primo mientras se besaba con su novia, mejor que mejor. El caso era que estaba deseoso por hablar con Álex al día siguiente. Cada vez estaba más convencido de que lo que habíamos hecho aquella noche en la playa para Álex sólo había sido un juego, y tenía más experiencia en aquello de lo que me había querido hacer creer, porque sino fuera así ahora estaría tan nervioso como yo.

Pero no lo estaba.

Él estaba muy tranquilo. Y yo no podía parar de hacerme pajas pensando en él.