domingo, 17 de mayo de 2015

Mi hermano y yo... verdad verdadera

Boludo! ¿pero qué hacés?... si sos mi hermano...


Amo a mi hermano. Esa es la verdad verdadera, jeje.

Ayer vi una peli con él. La encontró en internet y yo la bajé en el laburo. No califica para Poringa!, pero la pueden encontrar en Taringa! Es brasilera y se llama "De començo ao fim" (De comienzo a fin); un título que me da idea de "acabada", no sé por qué. Está buena, es medio melancólica, pero los protagonistas son dos verdaderos garotos, y no me refiero a los bombones que vienen en la cajita amarilla.

La peli trata de dos medio hermanos (uno de padre argentino, el otro de padre brasilero) que están enamorados de pendejos y garchan y todo. Unos culitos tremendo y hasta se ve pija (posdata: ¡cómo me gustan los rulitos! Me bancaría un recital del banana de David Bisbal sólo para verlo jajaja).

La cosa es que terminada la peli, nos abrazamos, con Eze. Él me miró, tierno como siempre (hermano mayor protector), se levantó del sofá y bostezó, estirándose. Yo le besé el abdómen, le bajé el bóxer y le empecé a chupar la pija.

Yes... Ahora vienen las explicaciones.
Para quienes no hayan leído mis relatos anteriores, Ezequiel es mi hermano. Mis viejos se casaron y durante seis años buscaron que mi vieja quedara embarazada. Cuando se resignaron (antes no había tantos tratamientos como ahora), buscaron adoptar. Es una verga adoptar en la Argentina, lo tengo clarísimo. Pero mi viejo es abogado y eso no digo que solucionara todo, pero ayudó bastante. Finalmente adoptaron a Eze, nacido de días. Querían una nena, pero no pudieron elegir. Yo nunca supe nada de sus verdaderos padres y la única vez que le pregunté eso a mi vieja se hizo la boluda. La verdad, no tengo ni la mínima idea de si ella sabe la posta o no. Pero Eze nunca preguntó, ni le importó. Creo que está resentido, que piensa que sus padres pudieron abandonarlo. Lo quiero mucho y siempre charlamos con confianza, pero incluso así no me imagino lo que él sentirá muy en el fondo...
Un año después de haberlo adoptado, mi vieja quedó embarazada de mí. Lo que son las cosas, OMFG! (Oh, my fucking God!).

Para salir un poco de la "melancolía", les cuento que es una bestia. Es bastante morochito, de ojos negros pero pelo claro. Una mezcla rara. Tiene los dientes súper híper parejitos y perfectitos el hdp. Es inmensamente alto y está en forma. Le gusta jugar al básquet y nadar. Va al gym. Tiene una voz hermosa. No sé si de "locutor", como dicen. No es muy, muy grave, pero tiene un tono re seductor. Ah, y es re lampiño.

Tuvo novia pero la dejó y ahora anda con cualquier gato más o menos digno. Tiene fama de gatero, sí.

¿Es gay? No. Es bi.
¿Cómo empezó lo nuestro? Ufff...

Por empezar (creo que tiene algo que ver) el haber cogido con Javi, mi compañero del cole, me comía la cabeza (no, la de la pija no). Tenía que contárselo a alguien, no daba más. Pensaba que me iba a enfermar, que había cometido un pecado, que había hecho algo horrible e irreparable. De todo, pensaba. Tenía mucha confianza con mi hermano y un día, después de dar 1000 vueltas, me metí en su cuarto, cerré la puerta a mis espaldas y me senté en su cama para hablar con él.
Carcomido por los nervios, le conté lo que había pasado (ya tenía 16, habían pasado varios meses del pijama party). Él se sorprendió, no lo niego, pero no lo fatalizó. Muy tranqui me dijo que no era nada malo. Que había hombres que garchaban con mujeres y hombres que garchaban con otros hombres y que era normal. Pero empezó con el discursito de que es algo privado, que no se hace en cualquier momento y en cualquier lugar, que hay que cuidarse (me explicó de las ETS, los forros, etc.). Lo dejé hablar porque me re alivió, al principio. Siempre digo que la mente de Eze es como los paracaídas y como mi orto, funciona porque la tiene abierta. Amo a la gente abierta de mente. En fin... Después de aliviarme, lo paré (no quería el discursito). Al final, dijo lo que más me llamó la atención: que él antes de dar su primer beso había chupado una pija.

Me mató.

Es bastante reservado y me costó mucho, con el tiempo, que me contara cómo había sido. Era un chico de básquet, más grande que él, que lo motivó, lo motivó, hasta que lo pudo llevar a un lugar apartado del club en el que juega desde que era pendejo mi hermano, y se bajó los pantalones para que le mamara la verga. Copado, mi hermanito.

Eso pasó y me tranquilizó del todo. No había vuelto a coger ni nada. Tampoco le hinqué el ojo a mi hermano. Nada de eso.

La cosa es que se puso de novio y algo me molestó. No sabía bien qué era y tardé en entenderlo. Marina es divina, me cae súper bien incluso ahora que rompieron. Ya venían mal (evidentemente ninguno de los dos quería demasiado al otro) y un día, cuando tenía 19, sin querer, por no golpear, entré al cuarto de mi hermano y los encontré garchando. Era eso lo que me molestaba, saber que se movían a mi hermanito. Mío y de nadie más.

La cuestión es que me puteó, me fui, ella se fue de casa re avergonzada y por un tiempo no quiso ni cruzarme. Eze se levantó, en bolas, con la pija parada, a cagarme a pedos. Pensaba que la casa estaba sola y era cierto, hasta que yo volví. No sé por qué pero no me sentí mal con el reto (no me importó) ni me avergoncé por la situación, nada más le pregunté si había podido acabar. Me dijo con toda naturalidad que no y volvió a su cuarto. Atajé la puerta antes de que cerrara y le pedí que me dejara ayudarlo. No entendía nada, pero una vez que se acostó empecé a sobarle la verga, acariciándole los huevos. Me miraba sin decir nada y yo le contemplaba la chota, gruesa y preciosa.
Se echó para atrás cuando estuvo por acabar, gimió con los dientes apretados y largó toda su leche perlada. Me quedó una buena cantidad en la mano. Sin mediar palabra, me fui al baño a sacudirme el tiento. Estaba re caliente. Con la mano toda sucia de leche me pajeé y en cuestión de segundos acabé. Me lavé y salí. Mi hermano me esperaba, vestido, en el pasillo.

-¿Te estabas masturbando?
-Sí.
-¿Qué fue eso?
-¿"Eso", qué?
-Lo que me hiciste.
-Una paja, pelotudo.
-Vos sabés lo que quiero decir.
-Te corté el polvo, estabas caliente y lo mínimo que podía hacer era dejarte acabar sin que te tuvieras que hacer la paja.
Me miró con el ceño fruncido, dudoso.
-¡Ay, Eze! Sos mi hermano, te toqué la pija, nada más. No es nada del otro mundo.
-Eso no lo hacen los hermanos.
-¿Quién te dijo? ¿Vos andarías por ahí, diciéndole a tus amigos, "mi hermano hace unas pajas bárbaras"?
-Qué boludo que sos, Manu...
-Bueno, pensé que te hacía un favor, andá a cagar...
-Además, ¿quién te dijo que hacés unas pajás "bárbaras"?
-La leche que te salió de la poronga, forro.

Se rió, no sé por qué. Yo no me hacía problema por nada. Lo que le dije fue la pura verdad. Lo que pensaba, en realidad.

Eso pasó. Fue bastante significativo para mí, pero no pasó a mayores.





Dos meses después, él llegó del boliche. Esa noche pensé que estaba en pedo. Mis viejos dormían. Yo estaba en su cuarto, porque estaba aburrido y en su dormitorio está la computadora. Pero después de pelotudear en la PC, me había metido a revisar. Encontré revistas porno, que ni me paraban la pija, y después de mucho revolver sin desordenar (bah, más desordenado de lo que estaba, imposible) había encontrado DVDs lleno de pelis pornos. Eran todas bisexuales. En todas había por lo menos una mina y dos tipos y se daban unos a otros sin asco.

En eso entra él a su dormitorio y yo corto todo, saco el DVD y apago la PC. Pero había un problema. Eran las cuatro (yo lo esperaba mínimo a las 6), y estaba completamente en bolas, pajeándome. Mi calzoncillo debía estar por algún lado, pero no sabía dónde.

-¿Qué hacé', nabo? -me dijo. Por cómo hablaba yo creía que estaba en pedo.
Yo no respondí, con la tonta esperanza de poder salir de ahí sin que se diera mucho cuenta de lo que estaba pasando.
Se sacó la camisa mientras me levantaba e iba a la puerta, pero entonces cerró con llave y tiró la llave abajo de la cama. Se sacó el pantalón con el bóxer, todo junto, le quedaron sólo las medias cuando revoleó las zapas, tironeando desde el talón con la punta del otro pie. Me abrazó y pude sentir su enormidad (la de su altura y complexión y la de su poronga al palo). Y así abrazados se tiró en la cama.
-Vamo' a ggcoger... -me dijo.
-Salí, soltame, conchudo, estás en pedo...
-Naah, no toy tan... en bedo....
-Si ni podés ni hablar bien y tenés una baranda... Soltame.
Pero encontes se aclaró la voz, apagó la luz del velador dejándonos casi a oscuras. La luz de la luna entraba por las dos puertas ventanas (la pieza de mi hermano tiene salida a un balcón que da al patio y a la terraza). Vi cómo me miraba: más que como un hermano. Los dos teníamos la pija a full pero de verdad que no quería coger con él... Por lo menos no en esas condiciones.
-Te quiero, Manu -me dijo.
No le respondí.
-Eu -me cacheteó-, te dije que te quiero.
-Yo también, Eze...
-¿Vo' también qué?
-Te quiero, te quiero...
Y me besó en la boca.
Así nomás, me mojó los labios con su lengua con gusto a cerveza y ahí mismo me aflojé y le devolví el beso apasionadamente.
-Cojamos- me dijo.
-No...
-Dale, no te hagas el forro que vo' queré' má' que yo...
-No, Eze. Estás en pedo. Si mañana te levantás y estás bien, cogemos -le dije. No sabía cómo carajo zafar. Mi hermano me estaba pidiendo coger y yo lo estaba dudando. Nunca dije rotundamente "¡NO!".
-Bueno, 'tá bien... Tené' razón... 'Ta mañana...
Me volvió a besar y se durmió.

Al otro día el sol nos encontró. Me levanté, cerré las persianas de las puertas ventanas, busqué mi calzoncillo y la llave del cuarto, vi a mi hermano desnudo, entregado a mí, me arrepentí, dejé la llave en la mesita de luz y me volví a acostar con él.
Mi vieja no nos llamó a comer. Me pareció raro y a las tres me levanté y me puse una bermuda. Bajé a la cocina y encontré una nota en la heladera que decía que habían ido a comer a la quinta de unos amigos y que volvían a la nochecita, pero que había empanadas en la heladera para recalentar en el microondas.
Calenté dos, comí y en eso apareció mi hermano.

-Qué cara... -lo saludé.
No me respondió. Estaba ojeroso, con el pelo hecho un desastre y todavía en bolas.
-¿Qué hacés en bolas por la vida?
-Me fije antes de bajar...
-Menos mal. Los viejos no están, igual.
-Ah...
Lo miré, dudoso. No sabía si se acordaría lo que me había dicho el día anterior, pero yo lo deseaba con ansiedad.
-¿Querés comer? -Preguntas tramposas si las hay.
-No -Me cagó.

Me miró un rato. Terminé de comer, guardé todo y limpié la mesada. Me bajé un vaso de batidos lleno de agua y lo volví a mirar.

-Anoche... -empezó.
-¿Sí? -le pregunté, haciéndome el distraido.
Me garchó con la mirada.
-Nada. Dejá.
Se estuvo por ir, pero volvió.
-Lo de anoche... Yo... Estaba en pedo. Fue cualquiera.

Me mató. Me dejó caliente como una pava para el resto del día. Lo peor es que estuvimos solos hasta tarde y cada vez que me lo cruzaba deseaba intensamente terminar en bolas, sobre su cama, con la pija al mango (la mía ya lo estaba), como la noche anterior.
Me hice cinco pajas en el día, y a la noche seguí, sin poder conciliar el sueño. Me acariciaba el orto, deseando que Eze me atravesara, y me cogía a la almohada, recordando el perfume de mi hermano mayor.

Con los días, y ya después con las semanas, aparentemente, ambos pretendimos olvidarnos de todo lo que había pasado hasta entonces. Nos cruzábamos y nos saludábamos como de costumbre sin roces ni susurros. No digo que antes lo hubiéramos hecho, pero muchas veces se me ocurrió hacérselo y me contuve.

Un día de verano estaba en su pieza chateando con un pendejo, y pajeándome frente a la cam. Él entró y al verme en bolas se apresuró a cerrar la puerta, pero no dijo nada. Yo no me calenté, seguí con lo mío. El pibe me preguntó, por MSN, quién había entrado. Cuando le dije "mi hermano mayor", cortó la comunicación y -como me daría cuenta después- me bloqueó. Un gil asustadizo.
La cosa es que dejé de pajearme y me levanté. Ezequiel se había acostado vestido. Le acerqué la pija a la boca y me golpeó en el abdómen, echándose para atrás.
-¿Qué hacés, boludo?
-Nada... Igual que vos, ¿no? Que no hacés nada sino estás en pedo.

Eso pasó sin mayores resultados. Ahí nomás me fui a mi pieza.

Para mi cumpleaños de 20 no invité a ningún amigo. Todavía no conocía a mi amigarchi, que ahora me organiza unas partuzas estupendas. Mi vieja y mi viejo tenían que salir, así que me hicieron "soplar la vela" (¡que amorosos!) antes de salir (tenían un casamiento). Soplé, mi vieja se empeñó en cantar el feliz cumpleaños contra la voluntad de mi papá y Eze se cagó de risa durante toda la canción.
Cuando por fin salieron, agarré dulce de leche de la torta y me acerqué a Eze. Él se dejó untar la cara sin problema, solo sonreía.
-Tomá -me dijo, alcanzándome una caja plateada y alargada-, ¡feliz cumple, Manono!
Me sorprendí, le alcancé una servilleta, me chupé los dedos y me sequé. Tomé la caja con la mano izquierda, que estaba limpia, me volvía a sentar frente a la torta y abrí el regalo. Adentró había un vibrador enorme. No lo saqué de la caja. Él se reía a más no poder.
Mi vieja volvió a entrar.
-¡Las llaves de la casa, nos olvidábamos! Si se van cierren todo -dijo-. ¿Qué es eso, Manu?
-El regalo que le di yo -explicó Eze antes de que pudiera abrir la boca.
-¡No sabía que le habías comprado algo...! ¡Qué lindo! -A mi vieja la emocionan esas boludeces.
Se acercó a Eze y lo besó en el cachete.
-¡A ver qué es! -exclamó, acercándose a mí.
-¡Dale, Viviana, que vamos a llegar tarde! -gritó mi viejo desde el coche.
Ella se dio vuelta, frunciendo los labios, y yo aproveché para dejar caer el consolador entre mis gambas y apretarlas para que no se viera.
-Nada -le dije, y la voz me salió rara. Me aclaré la garganta. Eze seguía riéndose.
-¿Nada? -preguntó mi vieja.
Le mostré la caja vacía.
-Me hizo una joda, ma. No es nada.
-¡Ay, Eze! Mejor que después le compres algo... Es su cumple, no está para inocentadas...
Mi vieja habla así, qué se le va a hacer.
Se fueron. Ezequiel subió a su cuarto.
Yo guardé el consolador vibrador en la caja y subí a zancadas tras él. Llegó a su cuarto y se sentó en la PC.
-¡Sos un pelotudo! -le grité.
-Fue una joda, Manu...
-Tomá, usalo vos, forro... -y se lo tiré. No sé por qué me calenté.

Me fui a duchar, re caliente. Me quedé en bolas en un ratito, y me metí a la ducha. En eso escucho que se abre la puerta y lo veo entrar desnudo. Entró a la ducha conmigo, me abrazó por la cintura y me besó.

-No te enojes, tontín. ¡Feliz cumple!
Me volvió a besar en los labios. No fue un beso apasionado como los que me había dado en medio de su borrachera, fue un beso tierno... No sé... Como de novios, casi.
Empezamos a transar, mientras aprovechaba para apoyarlo y explorarle la cola, una cola trabajadita, carnosa, durita... Él también me tocaba a mí.
Nos quedamos un ratito mirándonos a los ojos.
-Cogeme -le pedí.
-No, Manu, no...
-Dale, cogeme, porfa...
-Manu, ¡no!
-Te lo estoy pidiendo yo, y sé que vos querés.
-Manu, lo de esa vez fue un error. Somos hermanos. Esto consideralo... No sé... Sé de otros hermanos que se saludan con besos en la boca sin considerarlo gay, ni siquiera. Se saludan así y punto. Y lo de estar en pelotas, bué, no sé... También habrá, seguro... Pero, ¿garchar, Manu? ¿Vos pensás lo que pedís?
-Te pido lo que quiero. Si no lo quisiera no te lo pediría.
Se quedó callado un buen rato, sin dejar de abrazarme.
-¿Y una paja? ¿Te pajeas conmigo?
Me miró serio... Suspiró y sonrió.
-Sos terrible, Manono...
Me volvió a besar y le arranqué los labios de pura calentura sexual. Nos acomodamos en la ducha (es circular, con paneles de vidrio granulado) y empezamos a tocarnos. Empezamos pajeándonos juntos, viéndonos. Después, cada uno tocó al otro, hasta que transamos enredándonos las lenguas e intercambiando saliva y le dábamos con todo a la pija del otro. Es un poco incómoda la diferencia de alturas. Yo no soy bajo, pero él es muy alto.
Acabamos uno encima del otro. Yo gemí de placer y me mordí los labios, entregado a la mano hábil de mi hermano; él prácticamente gritó de placer y se quebró un poco, en un orgasmo que contemplé encantado.
Nos llenamos de leche propia y del otro, nos abrazamos, pegándonos un poco por la guasca, y nos volvimos a besar. Estuvimos transando hasta que el agua empezó a salir fría y un buen rato más... El tiempo pasaba y ninguno de los dos quería hacer otra cosa que besar a su hermano. Y eso que la calentura había pasado.

Nos cambiamos y estuvimos un rato abrazados en mi cama. Después me dijo que tenía que salir y yo me acosté. Me dormí rápido porque estaba cansado, pero me quedé pensando en él.
A partir de entonces, nos saludábamos con un pico cuando los viejos ni ninguna otra persona podían vernos. No volvimos a transar apasionadamente ni a pajearnos muy pronto.

Para el comienzo del otoño mi tía materna, Laura, tuvo un ataque al corazón y la tuvieron que internar. Mi viejo estaba de viaje y mi vieja se fue a cuidarla junto con su cuñado. Pero tiene una nena de 10 años (en ese momento tenía 7, ahora que lo pienso). Cuando mi mamá se enteró del infarto, rajamos para su casa y yo me quedé a cuidar a la nena. Mi tía mejoró pero mi vieja prefirió quedarse. Mi tío pasó a ver a mi primita. Yo la había hecho jugar toda la tarde y la había ayudado con los deberes (contra mi voluntad, eso sí... afortunadamente es re traga la pendeja y lo único en lo que no me supera es en ortografía... Y sí... Todo lo que tiene que ver con orto lo manejo al pelo). Después, cenó (le hice unas papas fritas; mi especialidad... no sé cocinar nada más) y cayó rendida.
Mi tío Daniel volvió con mi tía y mi vieja al hospital. Me quedé en su casa para no dejar sola a mi prima y a eso de las 11 y media de la noche, mientras miraba tele, aburrido, pasó mi hermano a verme. Mi vieja lo había llamado para contarle, porque no se habían cruzado: él había tenido práctica y un asado con los amigos. Y yo dudaba que, además de esas ocupaciones, no se estuviera viendo con un felino bastante cotizado.
Eze entró a la casa, preguntó quiénes estaban, le expliqué la situación y me besó y abrazó.

-¡Qué cariñoso que estás...! ¿Estás melancólico? Ya está, boludo... Tranqui... Ni que fuera mamá...
-No es por lo de la tía que estoy así. Hoy estuve con... Una amiga... Una piba...
¡Bingo!
-¿Ah, sí? -le pregunté- ¿Y?
-Y nada...
-¿Nada?
-Que pensaba en vos mientras me la cogía...

No me gustó mucho oír eso. Es decir, sí, sabía bien mis cagadas y mi impunidad, hasta donde había llegado y hasta dónde pretendía llegar, pero eso era escalofriante, casi.

-No podés, Eze... Así no.
-Ya sé... Perdoná, me voy a casa... ¿Vos te quedás, no?
-Sí.

Se fue. A las 12 mi vieja me llamó para pedirme una camperita. Le dije que llamara a Ezequiel, pero me dijo que no le respondía. Tuve que dejar sola a mi primita un rato. Cerré todo, fui hasta casa, agarré la campera de mamá y cuando estaba por irme (no había hecho nada de ruido, yo), escuché unos gemidos.
No lo podía creer... ¿Eze había vuelto a llamar al gato importado? ¿O era algo peor?
Subí despacito y fui derecho al cuarto de Eze. Pero no había nadie. Vi luz en mi cuarto y me acerqué. Me asomé a la puerta y casi me caigo de culo. Mi hermano se estaba mandando vibrador mientras olía mis bóxers usados...
Se me re paró la pija al instante... Era muy sexy ver a mi hermano con un aparato de más de 20 centímetros de largo y buen diámetro clavado en el ojete, mientras se pajeaba la pija espectacular y divina que tiene, y olía mi ropa interior...
Decidí dejarlo. Era lo mejor. Mi vieja me esperaba por el abrigo y había dejado a mi primita sola. Por una vez en la vida mi sentido común me ganó.
Pero cuando volvía escuché que mi hermano me llamaba, desconfiado.
Salí de la casa rápido, para evitar quilombo, pero me vio.

Fui a la clínica, le dejé la campera a mi vieja y ella me contó sobre mi tía, pero estaba medio turbado, sin poder sacarme la imagen completamente hot de mi hermano de la retina.
Me fui excusando que mi primita andaba sola y cuando mi vieja preguntó por qué Eze no la atendía le dije que encontré su celular en casa pero que él no estaba.

Llegué a la casa de mi tía nuevamente decidido a acostarme y esperar el nuevo día para aclarar la cabeza.
Pero, ¿quién estaba esperándome en la puerta?

A) El chongo de mis sueños.
B) Un jugador de básquet bisexual.
C) Mi hermano mayor.

Cualquiera de los tres es más o menos lo mismo.

Me miró, quiso hablar, pero yo lo hice callar con un gesto, lo hice entrar y le exigí que bajara la voz porque Flor, nuestra prima, dormía.
-No puedo más... Soy patético..
-¿Qué te agarró, Eze? ¿Boluditis aguda? Vos no sos así...
-Yo no sé lo que me pasa cuando estoy con vos...
Ustedes recordarán un tema de los Decadentes... Yo no podía pensar en eso.
Me quedé callado. Era una situación verdaderamente de mierda. Somos hermanos. Ya sé, biológicamente no. Pero lo siento mi hermano. No sé él, pero yo nací y me crié sabiendo que él era mi hermano y relacionándome con él como tal. Y a pesar de esa realidad contundente, una parte de mi cabeza gritaba: ¡complacelo! ¡Complacelo!
-Decí algo -me pidió.
-¿Qué querés que te diga?
Estaba peleando conmigo mismo. Me dirigí al sofá pero me cazó por la muñeca, me hizo girar y me besó. Fue un beso estupendo. Me aflojó en un segundo. Me agarró la cara y yo lo tomé de la cintura. Para saludarme con un beso en la mejilla siempre tenía que mirar para abajo mientras yo subía la cabeza. Y para transar, como aquella vez en la ducha, tuvimos que hacer lo mismo.
Fuimos a la cocina, dejé prendida sólo la luz de la mesada y cerré con llave.
Me sacó la ropa de un tirón, y me subió al desayunador. Me comió la boca a besos y empezó a morderme el cuello. Ya teníamos las pijas hechas dos postes de luz.
Bajó chupándome la piel de un tirón hasta la chota. Se la metió en la boca y empezó a mamarla como si fuera el helado más rico del mundo y quisiera derretirlo de una. Cada vez que me la chupa, hasta ahora, hace un ruido de puta arrastrada, disfrutando de cada centímetro de pija degustada, como si fuera el mejor sabor del planeta.
Bajé del desayunador, me agaché y me tragué su garcha sabrosa, gordita y grandota. Le trabajé mucho la cabeza mientras lo pajeaba. Le devolvía el prepucio adelante y lo llenaba con la punta de mi lengua. Él me agarró las manos después de que le acariciara un rato los huevos y me hizo pellizcarle los pezones. Yo le chupé la tranca dejando caer chorritos de saliva al suelo.
Después de mamarlo un rato dejé de verlo como mi hermano y lo vi como un macho espectacular, morenito y de cuerpo torneado.
Me levantó y me llevó a la mesa de la cocina. Ahí nos acomodamos para hacer un 69. Me agarró la cabeza con una mano, cómodo, para empujarme y que yo me la tragara más de lo que me la mandaba. Por mi parte, apreté mis muslos contra su cabeza, dejándole como única opción que me chupara la verga.
Nos comimos respectivamente las pijas hasta que se apartó, se levantó, me puso en sus brazos y me llevó a la mesa. Me dejó suavemente y escupió mi pija, para empezar a pajearme.
Me mamó un poco más la verga, mientras yo le revolvía el pelo.
Esa cogida fue especial por más de una razón. Era la tercera vez que cogía, como bien se puede decir coger, después del encuentro con Javi. La segunda razón, no estaba en mi casa. La tercera, muuuy importante: ¡era mi hermano! Y la cuarta, importante para mí, fue el olor a macho que desprendía Ezequiel, un olor natural y tentador, el sabor del sexo desatado después de entrar bien en calor.

-Ponete en cuatro -me pidió.

No me hice rogar. Giré sobre la mesa y me abrí de gambas. Él me acarició las piernas, apoyó la punta de su lengua en el medio de mi espalda y recorrió mi columna vertebral hasta desembocar en mi hoyo, y darme un beso negro glorioso. Me comió el culo como ningún hombre lo había hecho hasta entonces y como pocos lo harían después.
Yo movía la cadera acompasadamente, mientras él embadurnaba mi ano de saliva y me recorría con la punta alrededor del esfinter, penetrándome con su lengua (no por nada el músculo más fuerte del cuerpo humano).
Mientras chupaba mis nalgas fue acariciando mi ensalivada entrada con la yema del dedo del medio de una mano, hasta hacerlo entrar. Era la segunda vez que me penetraban (entre medio hay otra experiencia, mi primera experiencia, que ya les contaré más adelante) y todavía dolía un poquito, pero era un dolor placentero.
Me chuponeó todo el culo hasta que me hizo bajar de la mesa, para que le chupara un poco más la verga. Me mandé su pija a mi boca y lo chupé como un Pico Dulce.
A todo esto, tratando de no hacer ruido, porque en el cuarto del fondo, Flor dormía.

Me levanté, cuando sentí que quería que me volviera a trabajar el orto y lo besé en la boca, mordiéndole el labio inferior.

-Ahora sí, Eze... Cogeme -le susurré al oído y le mordí suavemente la oreja.

Me dio vuelta, apoyé los brazos contra la mesa y empezó a pasarme la punta de su chota entre mis nalgas, hasta ubicarla en mi orto y tratar de que entrara... No fue fácil al principio, por lo que se agachó a seguir chupando un poco más. Hizo entrar un dedo, y ese dedo fue la primera parte de su cuerpo en garcharme, produciéndome un placer único, aun sobre un dolor superficial. Después, hizo entrar un segundo dedo, tal y como yo haría años después con mi actual jefe.
Así, hasta que comprobó que dilataba y volvió a pararse. Me besó por toda la espalda. Levantó mis brazos para besarme en ambas axilas, tapándome con la otra mano la boca porque casi gritaba de placer. Me chuponeó el cuello, me besó atrás de las orejas y mientras tanto volvió a jugar con su verga rígida contra mi ojete. Entonces, mientras me mordía una oreja con sus dientes perfectos, yo fui quien empujó y la cabeza de la deliciosa verga de mi hermano se escabulló por mi orto.

Se apretó los labios, cerrando los ojos, como si fuera a llorar de placer. Yo giraba medio cuerpo para apreciarlo en ese momento crucial. Poco a poco fue enterrándomela toda, hasta que empezó a hacerme el amor, entrando y saliendo de mí como lo que era: un tipo con mucha experiencia como culeador. Tenía muchos ortos encima, pero el mío era el primero de los de su tipo: un culo de macho.

Traspiré como loco, mientras me daba con todo, gimiendo despacio, y yo me apretaba contra él porque quería sentirlo sobre toda mi piel cuanto fuera posible, como lo sentía adentro de mi orto. Él me hablaba al oído, diciéndome que me quería, que me daba toda la vida... Mientras, me pellizcaba los pezones o me sacudía la poronga, pajeándome al ritmo del vaivén anal.
Yo solo podía responderle con gemidos.

Después de 10 minutos, fue reduciendo la velocidad de las embestidas, hasta que me la sacó, gozando como un hijo de puta. Yo había quedado bastante satisfecho, pero quedaba más. Me levantó, me besó nuevamente en la boca, dándome su lengüita preciosa, y me acostó sobre la mesa, boca arriba. Levantó mis piernas, me sacó las medias (que era lo único que había conservado) y me besó los pies, chupándome los arcos. Entonces, hizo que flexionara cerrando sobre su cadera y volvió a garcharme, a metérmela hasta el fondo, ayudado por un poco más de su saliva.
Esta vez fue mejor. Dolía un poco más porque me entraba más directa, pero se inclinó sobre mí con su inmensa altura y me besó mientras me daba para que tuviera, guardara, archivara y pudiera memorizar con el ojete la forma de su chota.

-Voy a acabar -me avisó, sonriendo, pero agotado.

Me sacudí la verga con entusiasmo, con frenesí, él sacó la pija de adentro mío, se tocó un poco y los dos acabamos encima mío. Quedé hecho un mar de leche.
Me ayudó a levantarme; me temblaban las piernas de tanto metesaca.




-Andá a bañarte que yo limpio acá.

Tomé mi ropa, me atajó y me dijo:

-Te amo, Manuel.
Me volvió a besar en la boca, con cariño.
-Fue la mejor cogida de mi vida, hermanito -me confesó, embelesado.

Fui a bañarme con precaución. Cuando estuvo todo en orden, nos tiramos en una cama que mis tíos tenían desocupada para no desarmar el cuarto matrimonial.
-¿Te duele? -me preguntó, preocupado.
-Un poquito.
Como estábamos en bóxer, me los bajó y me volvió a chupar. Yo me había lavado perfectamente, así que volvía a tener mi gusto natural.
-¿Qué hacés? -le dije, poco interesado en pararlo.
-Por ahí ayuda a relajar, para que no te duela mañana.
Así como estábamos me quedé dormido. Al otro día me despertó con el desayuno preparado (con la excusa de que se lo había hecho también a Flor).
A mi tía le dieron el alta al otro día, y el fin de semana mi viejo volvió de su viaje.

Las cosas en casa se tranquilizaron. Mis viejos nunca se enteraron de nada. Con Eze cogimos varias veces más. No muy seguido. Tratamos de respetar que el otro no ande con ganas. Casi siempre todo arranca con una paja compartida que termina en garche.
Lo que sí respetamos es que intercambiamos los roles activo/pasivo sin cuestionar. Así que la semana siguiente a nuestro conflictivo, demorado y casi, casi traumático debut, me lo cogí a él en su cuarto ("donde me tocaste por primera vez", me dijo).
Somos así, nos queremos mucho. Asumimos la relación extraña y sexual que tenemos, respetando la vida de cada uno. De hecho, él no deja de ser bisexual y tuvo una novia más (que le duró poco y con la cual no sentí nada de celos, de verdad). Hacemos nuestra vida contándonos casi todo.
La sensación de coger con él es inigualable.

Esa es la verdad verdadera, jeje. Amo a mi hermano

Deseos Masculinos